Apocalipsis ahora / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

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En Francia la estela de horror no se destierra, en Estados Unidos Donald Trump ya camina como candidato del Partido Republicano para reiterar sus ideotas contra los emigrantes aunque su país se constituyó como tal gracias a las oleadas de peregrinos que arribaron hace siglos a esas tierras en las que casi se exterminó a sus pobladores originarios

Morelia, Michoacán, 24 de julio de 2016.- Parece que los demonios soltaron o mejor dicho nunca se marcharon dada la escala de violencia que causa estupor y da la vuelta al mundo, terrorismo, asesinatos, empoderamiento de los peores grupos tendientes a la exclusión y amamantados por el fanatismo.

En Francia la estela de horror no se destierra, en Estados Unidos Donald Trump ya camina como candidato del Partido Republicano para reiterar sus ideotas contra los emigrantes aunque su país se constituyó como tal gracias a las oleadas de peregrinos que arribaron hace siglos a esas tierras en las que casi se exterminó a sus pobladores originarios.

Ante la magnitud de ataques mortales en las últimas semanas en diversas partes del mundo muchos evocan el libro del Apocalipsis, último del Nuevo Testamento bíblico, que fuera redactado por el apóstol Juan en la isla de Patmos; se presume que ahí se habla de las señales del fin de los tiempos aunque el lenguaje es alegórico y, algunos estiman, se trata de un asunto metafórico.

Aunque si revisamos algunos registros de la historia mundial siempre destaca el conflicto, la violencia como medio y fin; las guerras estuvieron presentes, el oprobio e injusticia han sido características que destacan la condición humana.

Si hablamos de personajes catalogados como consumados estrategas en el combate citamos a un Alejandro Magno, Julio César, Atila o Aníbal hablamos de guerras que representan muerte, ello implica destrucción pintada por la tinta sangrienta.

Actualmente el terrorismo abre sus fauces para devorar lo que encuentra a su paso y en nuestro país los embates del crimen organizado no han parado, las autoridades parecen quedar pasmadas y el fantasma de la incertidumbre recorre el mundo.

Dada la coyuntura que se abre ante los eventos trágicos auspiciados por los grupos recargados de violencia se ha motivado el retorno de los viejos fantasmas de un nacionalismo trasnochado que blande la espada ideológica de la exclusión para invocar a los espectros de Adolfo Hitler, Benito Mussolini y otros personajes hermanados por la tiranía.

Evidentemente, la violencia no genera algo positivo porque más bien se incuba el dolor de mano del odio y de la venganza disfrazada como justicia.