Ben-Hur, cine clásico para milenials / Felipe Monroy

Pin on PinterestShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn
Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

Aunque la novela original Ben-Hur. Una historia de Cristo de Lewis Wallace ha inspirado al teatro y al cine desde 1880, la adaptación cinematográfica de William Wyler en 1959 es la más popular y, con justicia, la mayor expresión de la industria del celuloide del siglo XX

Ciudad de México, 12 de agosto de 2016.- Aunque la novela original Ben-Hur. Una historia de Cristo de Lewis Wallace ha inspirado al teatro y al cine desde 1880, la adaptación cinematográfica de William Wyler en 1959 es la más popular y, con justicia, la mayor expresión de la industria del celuloide del siglo XX. Ni las tempranas versiones en Broadway ni las posteriores visiones animadas o televisadas han logrado recrear la épica historia del príncipe Judá Ben-Hur en el contexto del indómito poderío romano y el nacimiento de la convicción cristiana.

Para la realización de la portentosa obra de Wyler se requirió un presupuesto millonario impensable para la época con el cual no sólo se procuraron las mejores técnicas de fotografía o producción musical, también se contrataron a los actores y actrices con más marquesinas, a cientos de carpinteros, pintores, decoradoras, costureras, artistas y obreros que dieron cuerpo a la ambientación y escenografía; e incluso contó con miles de animales entrenados que hicieron lucir dichos ambientes.

Aquella producción recogió grandes frutos: once premios de la Academia (pasaría casi medio siglo para que Titanic de 1997 le alcanzara en estatuillas del Óscar), la más taquillera película de la década, su conservación histórica por el Registro Nacional Filmográfico e influir prácticamente en toda la industria cinematográfica de la segunda mitad del siglo XX.

Con todo este antecedente, la nueva propuesta del director ruso Timur Bekmambetov (Se Busca, Abraham Lincon: cazador de vampiros, Guardianes del Día) y los productores Brown, Clarke, Ridley y Roma Downey (esta última actriz y productora de historias cristianas como Hijo de Dios, La Biblia, Un lado de Jesús) no podría ser sino una audacia. No sólo por las comparación de aquella monumental producción de 1959 sino porque la historia se ha relatado y parodiado en la historia del cine innumerables ocasiones.

Esta versión de Ben-Hur cuenta con los talentos de Jack Huston (Judá), Tobby Kebbell (Mesala), Rodrigo Santoro (Jesús), Nazanin Boniadi (Ester) y Morgan Freeman (con el papel del narrador y criador de caballos Ilderim). La historia cuenta la relación entre Judá, príncipe judío, y Mesala, su hermano adoptivo, quienes en la cúspide del Imperio Romano cambian los rumbos de sus vidas: uno luchando por el César y obteniendo la gloria militar en las más apartadas regiones del imperio, y el otro, testimoniando los cambios políticos y sociales en su hogar, Jerusalén, mientras las rebeliones de los judíos contra el César comienzan a sembrar la muerte por toda la provincia.

El reencuentro de los hermanos años más tarde propiciará la verdadera prueba para ellos y para sus pueblos: encontrar la paz, fortalecer la convivencia, practicar la tolerancia, el respeto y vivir el perdón. Todos, valores e ideales que un joven carpintero judío va predicando entre los despojos de la ocupación, entre los pobres y entre los descartados por el desprecio.

Por supuesto, esta versión logra reproducir los paisajes áridos de la histórica región de Judea y los palacetes hebreos, pero es gracias a los gráficos creados por computadora que se logran las espectaculares escenas de la carrera de cuadrigas o la batalla naval. Lo que hace medio siglo se realizaba con maquetas en miniatura o con grandes escenografías, hoy se fabrica digitalmente en la técnica del CGI y la post-producción, así han logrado figuras, formas y espacios más caprichosos que sus antecesoras.

Esta nueva versión de Ben-Hur se estrenará el próximo 19 de agosto en México y parece que tendrá buena recepción. La audacia de recrear un monumental éxito cinematográfico hace inevitable la comparación e implica que un amplio sector juzgue fuertemente el trabajo de Bekmambetov. Ese era el riesgo desde el inicio. Sin embargo, este remake está dirigido a toda una nueva generación de audiencia. Principalmente a los milenials quienes quizá desconozcan el argumento del clásico hollywoodense o quienes, conociéndolo, se han acostumbrado a que el cine es la rápida y entretenida armonización de acción, suspenso, drama y romance, en medio de un par de frases citables y una estética visual razonablemente real realizada por computadoras.

La verdadera pregunta frente a la poderosa historia de Ben-Hur no es si vale la pena contarla y realizarla, es claro que la historia por sí misma tiene un atractivo y un valor atemporal; la pregunta que en 1907, 1925, 1959 y los actuales entusiastas se han hecho frente al reto de realizarla es ¿qué se quiere aportar, qué recursos humanos y técnicos se deben invertir, qué epopeya cinematográfica se está dispuesto a emprender para lograr reproducir al menos una de las fibras emotivas de la magnífica historia de fraternidad, perdón y redención?

Todo ese trabajo, naturalmente se reflejará en la aceptación del público, las críticas y los números en taquilla. Veremos. @monroyfelipe