Con pena y sin gloria / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

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Hasta el momento la delegación mexicana en Río de Janeiro no cuenta medallas, la nota se enfoca en Alfredo Castillo y su acompañante, el sino trágico en olimpiadas sigue su curso, las potencias internacionales se confirman como tales. La delegación mexicana con pena y carente de gloria.

Morelia, Michoacán, 14 de agosto de 2016.- La delegación mexicana que acudió a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro aún continúa desierta en materia de obtención de preseas, lo cual confirma la historia que se repite cada ciclo, pelea los últimos lugares, el medallero en contadas ocasiones ha sido lustre más bien es la confirmación de los fracasos que parecen formar parte de una constante.

No obstante el titular de la Comisión Nacional del Deporte Conade, Alfredo Castillo Cervantes se pasea acompañado, justifica los horrores, al menos eso cree él, de fiscal cuestionado dio el salto gracias a su amigo el presidente Enrique Peña Nieto para encabezar el deporte aunque carece de experiencia, sensibilidad y gallardía.

Castillo Cervantes dice, sin empacho, que el asunto de ganar medallas depende de los atletas y las federaciones porque la Conade es una agencia de viajes, la pregunta es por qué aceptó dirigir dicho negocio si lo vemos desde su óptica. Los fracasos olímpicos probablemente se veían venir, el mal trato a los deportistas han sido anécdotas cotidianas, los pleitos del titular con los federativos del deporte organizado ya son proverbiales.

Sorprende que nuestro país no avance en competencias deportivas pese a contar con la infraestructura en materia de instalaciones, aunque por lo regular no destaca en el concierto internacional. El deporte es visto como actividad secundaria, prescindible, como relleno en materia educativa, recordamos que hace años la clase de educación física consistía en trotar, jugar una “cascarita” o dibujar canchas en un cuaderno. Se carece de una auténtica política en materia deportiva, más bien se apela al talento, coraje y vergüenza  de los atletas pese a la Conade y las federaciones cuya prioridad es hacer grilla.

Las proezas en las competencias olímpicas son a cuentagotas, las han brindado algunos atletas como Ernesto Canto, Raúl González o Ana Guevara, al reportarse los escasos triunfos parecía que el mérito era de los gobernantes, por ejemplo el presidente de turno se colgaba de los vencedores y del teléfono para expresar efusivas felicitaciones en red nacional, luego de las explosiones de júbilo todo volvía a su pasmosa realidad, el deporte arrinconado, todo quedaba en efímero contento y las promesas de siempre. Incluso en la caminata, disciplina en la que nuestro país fue potencia, ahora ya no tiene relevancia.

Las olimpiadas en las que nuestro país destaco en mayor medida fueron las que se efectuaron en aquí mismo en 1968, unos días después de la matanza de Tlatelolco, y las que se registraron en Los Ángeles 1984, la cosecha de medallas es radicalmente raquítica.

En América Latina Cuba si ha logrado mayores alcances que nuestro país, la citada nación del Caribe carece de la infraestructura en materia de instalaciones, no cuenta con los patrocinios ni con los presupuestos acá destinados pero sus atletas agregan más cifras al medallero. En Cuba el deporte si es un tema de estado, lo administran los que saben y no los políticos improvisados como sucede en nuestro país.

Hasta el momento la delegación mexicana en Río de Janeiro no cuenta medallas, la nota se enfoca en Alfredo Castillo y su acompañante, el sino trágico en olimpiadas sigue su curso, las potencias internacionales se confirman como tales. La delegación mexicana con pena y carente de gloria.

Seguramente al concluir la justa deportiva las autoridades en la materia expondrán causas, motivos y razones del estrepitoso fracaso, en lugar de argumentos lloverán las justificaciones más pueriles.