De jueces y otras fantasías / Alejandro Vázquez Cárdenas

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El reciente caso de un juez en Veracruz, Anuar González Hemadi, que dicta un amparo a uno de los llamados “porkys”, violadores de la niña  Daphne, dio como resultado una  enorme escándalo en las redes sociales,  y a resultas de eso la Judicatura no tuvo más salida que suspender ese juez y afirmar que revisará  ese fallo y otros que ha dictado el mismo personaje

Morelia, Michoacán, 04 de abril de 2017.- Como es conocido, el Juez es la máxima autoridad de un tribunal de justicia, y su principal función es  administrar justicia en caso que se presente ante él una situación de conflicto entre dos personas que requiera de la decisión honesta y objetiva de alguien  que conozca a fondo las leyes.  También entre sus responsabilidades está el dar una sentencia acorde al caso.

En la mayor parte del mundo los jueces son funcionarios públicos, pagados por el Estado y  aunque en la teoría se fijan como características inherentes a este cargo  la independencia, autonomía, honestidad, capacidad y honradez  la realidad  nos demuestra que se trata simplemente de una utopía. Definitivamente no son así.

Un tema incómodo para el poder judicial en México es hablar de su propia corrupción. México es uno de los países con mayor percepción de corrupción en su sistema judicial. En diferentes mediciones internacionales (Transparencia Internacional, World Economic Forum, ONU), el sistema judicial mexicano ocupa lugares para dar vergüenza.

Es más que evidente  que en un sistema judicial corrupto los ciudadanos no tienen el mismo derecho a la justicia.  Las leyes que deben aplicarse a todos por igual, se aplican atendiendo a otros criterios como el nivel económico de las partes o su estatus político o social.

Pero el problema tiene más aristas; el doctor Rafael Márquez Piñero, especialista del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM afirma: “Para nuestros policías es más simple tomar a un inocente y obligarlo a confesar un delito que realizar una efectiva investigación científica con un buen protocolo de indagación, con buenas herramientas de peritaje, tomando todo el tiempo que requiere un proceso de policía científica para poder llegar a un culpable”. Por lo anterior, si  la resolución de los asuntos judiciales se basa en la palabra de uno u otro, entonces el  proceso se convierte en asunto de fe.

Recordemos algunos casos. En abril de 2016, un tribunal federal del Estado de México amparó y liberó a Isidro Solís Medina, individuo implicado en el secuestro y asesinato de la hija de Nelson Vargas, Silvia Vargas Escalera. Este delincuente en su momento fue detenido, identificado, procesado y sentenciado a 34 años. Pero, ¿Cómo es que se dio la liberación de un secuestrador y asesino? Fácil, se detalló que el amparo concedido a Solís Medina por el Tercer Tribunal Colegiado en Materia Penal del Segundo Circuito se debió, asómbrese lector,  a que una víctima de secuestro lo reconoció a través de la Cámara de Gesell sin la presencia del abogado del imputado, como si la presencia o ausencia de un abogado defensor le pudiera cambiar los rasgos fisonómicos al criminal.  Eso basto, según “razonó” (es un decir) el juez, para anular el juicio y liberar a un asesino.

El reciente caso de un juez en Veracruz, Anuar González Hemadi, que dicta un amparo a uno de los llamados “porkys”, violadores de la niña  Daphne, dio como resultado una  enorme escándalo en las redes sociales, instrumento afortunadamente no controlado por las honorables autoridades,  y a resultas de eso la Judicatura no tuvo más salida que suspender ese juez y afirmar que revisará  ese fallo y otros que ha dictado el mismo personaje. El asunto escalo  alturas que eran impensables llegando incluso a la publicación de una foto de dicho Juez en compañía de su esposa y dos hijas, lo cual dio pie a la indignación de aquellos que consideran inadecuado la exposición de la familia del juez, situación con la cual estoy parcialmente de acuerdo; ninguna culpa tienen las niñas, nada, ninguna; pero en el caso de la esposa sinceramente tengo mis dudas ya que según un artículo publicado por Luis Cárdenas en El Universal, la esposa ciertamente tiene mucha vela en este entierro; lo cual no es ninguna novedad, históricamente las esposas o compañeras de diversos personajes de poder han influido en las decisiones de los maridos, desde Aspasia, 400 años AC hasta Eva Perón en el siglo XX.

Es evidente que a México le urge implementar un nuevo modelo de procuración de justicia, con policías eficientes, inteligentes, bien pagados y honestos; unos MP  bien preparados, honestos, íntegros e inmunes al soborno, jueces inteligentes, justos, laboriosos e  insobornables.

Concluyo: Nada de lo anterior es ni siquiera remotamente posible, por lo tanto seguiremos con nuestra tragedia, y por muchas generaciones.