Democracia y elecciones en EUA / Alejandro Vázquez Cárdenas

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El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

El autor de este artículo es el reconocido Doctor Alejandro Vázquez Cárdenas

En el caso concreto de los Estado Unidos de Norteamérica estamos ante una democracia vieja, consolidada, que por lo general hacen bastante confiables sus elecciones. Pero existe una característica que tiene el rechazo de prácticamente todas las otras democracias del mundo.

Morelia, Michoacán, 15 de noviembre de 2016.- En relación a la democracia  el muy inteligente y un tanto cuanto cínico Sir Winston Churchill afirmaba: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre, con excepción de todos los demás”; dándonos a entender que en lo relacionado a sistemas de elección y gobierno la democracia era el menos malo de los sistemas existentes, comparándolo con el fascismo, comunismo, monarquías, dictaduras, teocracias etc.  Y ciertamente el tiempo le ha dado la razón.

El concepto democracia proviene del griego antiguo  y se forma al combinar los vocablos demos (que se traduce como “pueblo”) y kratós (que puede entenderse como “poder”) Esta noción  comenzó a ser empleada en Atenas, en el siglo V A.C.

Existen varios tipos de democracias. Cuando las decisiones son adoptadas en forma directa por el pueblo, se habla de democracia directa o pura; una democracia indirecta o representativa hace referencia al sistema donde las decisiones son tomadas por aquellas personas a los que el pueblo reconoce como sus representantes legítimos, los cuales son elegidos a través de un sufragio por todos los ciudadanos.

La forma más común en la que se ejerce la democracia hoy en día es en sistemas representativos, los cuales pueden ser: presidencialistas (México y EUA entre otros) donde es el Presidente quien tiene el mayor poder y  Parlamentarios (P.ej. Inglaterra) donde un grupo de personas forman el parlamento en torno al cual giran las acciones de gobierno. Existe un presidente o Primer Ministro pero tiene poderes restringidos.

En el caso concreto de los Estados Unidos de Norteamérica estamos ante una democracia vieja, consolidada, que por lo general hacen bastante confiables sus elecciones. Pero existe una característica que tiene el rechazo de prácticamente todas las otras democracias del mundo. En el caso concreto de la elección para presidente de la República en los EUA no gana quien tiene más votos, que es lo normal en el resto de los países democráticos, sino quien acumula más “votos electorales”. La causa reside en el hecho de que la elección presidencial en Estados Unidos es una votación indirecta.

En los Estados Unidos los ciudadanos con su voto, lo que escogen es el llamado Colegio Electoral, un organismo conformado por 538 electores procedentes de todos los estados y de la capital Washington D.C. y gana quien tiene la mayoría de votos electorales, concretamente 270 o más.

De las 45 elecciones presidenciales en cinco oportunidades ha sido elegido presidente el candidato con menos votos, la última que recordamos con facilidad es la de Al Gore vs G. Bush.

Este 8 de noviembre Trump obtuvo menos votos ciudadanos que  Hilary Clinton, pero más votos electorales, 279. La candidata Hilary Clinton superó a Trump en cantidad de votos populares, pero sólo obtuvo 228 votos electorales… y perdió.   Este sistema es una verdadera reliquia del siglo XVIII, que actualmente a nadie convence pues resulta que para ganar las elecciones en los EUA se debe ganar en muchos Estados aunque sea por un solo voto de ventaja  y no nada más ganar en unos cuantos Estados por una abrumadora ventaja de millones de votos. Aquí cuentan las entidades, no las personas.

Ahora bien. Veamos el otro punto. ¿Que tan confiable es cada voto? Resulta que en un sistema democrático como el de los EUA vale lo mismo el voto de un Premio Nobel de Harvard o Yale que el de un inculto Red Neck de Alabama que se regodea en su estulticia; vale lo mismo el voto de un intelectual de Massachusetts que el de un paleto de Tennessee, a la mitad del  “cinturón bíblico”; vale lo mismo el de un genio de la computación que el de un adicto al crack con el cerebro ya hecho cenizas. Pero los votos no se juzgan, se cuentan.

Tuerto o derecho, el asunto es que Trump gano. Y eso si que es una mala noticia.