Galimatías internacional / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

Las grandes potencias de la humanidad, como lo ilustró la era de la llamada Guerra Fría, se han distinguido por usar al mundo como un enorme tablero de ajedrez; los poderosos armaron a muchos pueblos, fueron mercaderes de muerte para luego transformarse en gestores de la paz; construyeron engendros que al final rompieron controles para erosionar la certidumbre.

Morelia, Michoacán, 30 de noviembre de 2015.- La geopolítica es la ciencia viva del momento por el que atraviesa la humanidad, motivaciones diversas, ambiciones envueltas en la bandera del fanatismo no dejan lugar a dudas; la violencia se expandió.

Los sitios para la barbarie son numerosos, esa mala sombra impide la claridad; el temor se enquista como bomba en el mundo que hace mucho fue sorprendido por una indiscriminada globalización de filo neoliberal.

El terrorismo hace mucho se hizo omnipresente, el fanatismo religioso avanza y las pruebas de ello se padecieron en Nueva York, África, Siria, Francia; la lista aumenta.

Incluso México ha sido, presuntamente, amenazado. La barbarie que aniquila la razón, el odio como divisa, la intolerancia como argumento.

La inmensa aldea global se apanicó tras los sucesos cruentos registrados en Francia, fue el pandemónium, la garra de la muerte dejó surcos en la que fuera tierra de Napoleón Bonaparte –señor de la guerra-, la misma de Voltaire, Víctor Hugo o Josep Fouché. París fue el espacio en el cual irrumpió la revolución de 1789 que proclamaba una utopía planteada en tres divisas: libertad, igualdad, fraternidad.

La confrontación multinacional contra el denominado Estado Islámico no concluye porque tiene características especiales; se ha despertado de un breve letargo el discurso furioso de los ultranacionalistas de la derecha más rancia como primitiva, el cual es totalitario, excluyente y despótico que se distingue en mezclar el temor y el odio como combinación brutal.

El siglo XX estuvo marcado por dos grandes guerras destructivas que reportaron millones de muertos, generaron secuelas nucleares para evidenciar los alcances depredadores del homo sapiens en manifestaciones claras de locuras monumentales.

El monstruo de la guerra nunca se alcanzó a disipar, es inherente a la condición humana como lo describe la historia mundial; luces y sombras, el humano va de lo sublime a lo ridículo.

Las grandes potencias de la humanidad, como lo ilustró la era de la llamada Guerra Fría, se han distinguido por usar al mundo como un enorme tablero de ajedrez; los poderosos armaron a muchos pueblos, fueron mercaderes de muerte para luego transformarse en gestores de la paz; construyeron engendros que al final rompieron controles para erosionar la certidumbre.

Nuestro tiempo también debe distinguirse por reprochar la hipocresía de los poderosos. Independientemente de todo lo que se debata en cualquier foro, siempre será oportuno dar la oportunidad a la paz, el primer paso es la buena voluntad.