Hillary, la “imperfecta” / Teresa Da Cunha Lopes

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Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

Hillary hizo historia al ser declarada, oficialmente, candidata a la Casa Blanca por el Partido Demócrata. Hillary es imperfecta en un mundo imperfecto. Pero, Hillary tiene una visión coherente de cómo funciona el mundo y el lugar que ocupan en la escena internacional los equilibrios adecuados.

Morelia, Michoacán, 22 de agosto de 2106.- La “imperfección” de Hillary es uno de los trazos que más me fascina de la candidata demócrata. No es un elemento negativo. Es una variable altamente positiva, porque profundamente humana. Y, la democracia funciona, precisamente, porque en sus imperfecciones contiene ese elemento de flexibilidad, de constante adaptación, de continua evolución que hacen de esta opción de régimen político, la única que nos permite vivir con las libertades individuales.

La democracia es la única opción que nos permite disentir, estar en la oposición, crear movimientos alternativos, ser iguales en la diversidad (es), optar por el diálogo, crear consensos y equilibrios. En fin, vivir sin el miedo, sin la incertidumbre, sin estar sujetos a los cambios de humor del dictador, poder enfrentar a las discriminaciones con instrumentos legales y establecer los procesos pedagógicos necesarios al cambio de comportamientos sociales y de mentalidades.

Solo las dictaduras se pretenden ” perfectas”. Y, casi siempre lo son en dos campos: el de la represión y el de la deshumanización. Casi perfectas en la primacía de la violencia institucionalizada, en la organización de las industrias de la muerte, en la opresión de las minorías y, en la exploración económica. El (los) autoritarismo(s) siempre se presentan como la ” alternativa de la ley y del orden’ frente al “caos democrático”. Pero, mucha gente fascinada por ese lema de la ” ley y del orden ” olvida que los autoritarismos no respetan el concepto de ” estado constitucional de derecho” ni se construyen sobre el paradigma de los derechos humanos. El (los) autoritarismo(s) siempre se pretenden como ” perfectos”, porque el único modelo permitido, es la imagen del “líder” – führer, capo, cacique, ducce -, que no acepta ser comparado, criticado, relativizado. Absoluta referencia en un mundo que establece como paradigma, un estado   estático o, cuando mucho, regresivo.

Es evidente, que Hillary es todo lo opuesto y que no pretende instalar la perfección de un universo de ” la ley y el orden” basada en la interpretación político – religiosa” del ” excepcionalismo norteamericano”, base de las bases fanáticas conservadoras del “Tea Party”, de “Citizens United”, y propulsoras de la campaña de Trump.

Hillary, como secretaria de estado ha dado un giro de 180 grados a la política exterior norteamericana, hablando directamente a los pueblos. Ha introducido políticas, programas y reformas institucionales diseñadas para apoyar la diplomacia entre gobiernos y sociedades y entre una sociedad y otra, junto con las tradicionales relaciones de gobierno a gobierno. Estas iniciativas no acaparan encabezados, pero han transformado, gradualmente gran parte de la política exterior estadounidense. Y, aún que esta transformación sea conocida como “la política Obama”, en grande parte es fruto de la visión de Clinton.

hillary-clinton_3 160822Hillary es imperfecta. Sí. Pero esta imperfección, tal como ya lo referí con anterioridad, es propia al ejercicio democrático del poder. Es inherente a las democracias en movimiento. Necesaria al debate democrático.

Así, nada ha sido más imperfecto que la Convención demócrata que inició ayer, lunes, en Filadelfia. Llena de emociones. Llena de aspiraciones. Llena de fuerza  positiva. Nada ha sido más poderoso, durante los largos meses de campaña de las primarias, que las emociones en estos dos primeros días de la convención, de su punto final. Las emociones resaltan las imperfecciones, pero abren el camino para ir más allá, para renegociar, para limar, para crear sinergias y consensos. Para acercar posiciones.

Hillary es imperfecta como persona y como candidata. Pero esa imperfección es su grande calidad y fuerza frente al autoritarismo y egocentrismo de Trump y a la visión neofascitoide del ” excepcionalismo ” nacionalista de la extrema derecha norteamericana.

De esas emociones, tan fuertes, presentes en el recinto de Filadelfia, de esa explosión de las imperfecciones democráticas, es ejemplo el fantástico discurso de Michelle Obama, en la jornada de apertura de la Convención de Filadelfia. Sin mencionar una única vez el nombre de Trump, Michelle Obama pudo transmitir, de manera lapidaria, la grande diferencia entre el racismo primario y la fuerza de la histórica conquista de las libertades. Le fue suficiente una sola frase en que recordó que vive en una casa que fue construida por esclavos y en que sus hijas (las hijas del primero presidente afroamericano) juegan en los jardines.

De esas emociones, brotó el poderoso discurso del Senador Corey Booker. De esas emociones, propias a las contradicciones vitales de las democracias avanzadas, es parte el apasionado discurso de Bernie Sanders que dejó claro que Hillary Clinton, y no Trump, ” debe ser” la próxima presidenta de Estados -Unidos. En medio de la polémica filtración de los correos electrónicos del comité demócrata (DNC) y de la evidencia de las divisiones internas, tanto Sanders, como Michelle, como Elizabeth Warren, dejaron claro un mensaje directo de apoyo a Hillary. Los estadounidenses no pueden permitir que Trump gane las elecciones presidenciales de noviembre. El resto del mundo difícilmente puede permitirse una ” presidencia Trump”. El verdadero riesgo a la seguridad internacional, y aquí estoy de acuerdo con él The Economist, no es el DAESH (ISIS), sí la posibilidad de un Donald Trump con los códigos nucleares en manos.

Los liderazgos son, hoy en día, multilaterales. Se construyen a través de la diplomacia y del efecto civilizador de los paradigmas del derecho internacional. Ahora bien, el único candidato que puede realizar una presidencia bajo estos principios es Hillary Clinton, la imperfecta. Una Hillary en su “segundo acto”, una imposibilidad como diría el escritor Scott Fitzgerald, pero que la fuerza de reinvención de Hillary anuló.

Con efecto, Hillary destruyó la ” ley” enunciada por Scott Fitzgerald, según la cual “no hay segundos actos en las vidas de los estadounidenses”. La impresionante (y creo que aún inacabada) trayectoria de Hillary Clinton -de Primera Dama a Senadora, de Secretaria de Estado a candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos – demuestra que el escritor estaba muy equivocado.

635933172260783601-Hillary-Clinton-Miami-Rally-Super-Tuesday-27 400Hoy, cuando Clinton fue designada como candidata a la Casa Blanca por la Convención de Filadelfia, no solo ha tenido un segundo acto, sino también un tercero… y millones de estadounidenses desean que escriba un cuarto.

Hillary es imperfecta, pero altamente cualificada. Frente a los riesgos de seguridad internacional, de crisis energéticas y medioambientales, de resurgimiento de los neofascismos y de los fanatismos religiosos, no sólo Estados-Unidos, como el resto del mundo, necesitamos de personas que pueden unir y fortalecer las opciones civilizaciones modernas. Esa opción, es Hillary Clinton. Nadie necesita de un liderazgo que insulta a los latinos, a los mexicanos, a los musulmanes, a las mujeres, a las personas con discapacidad y a la comunidad LGBTTTI. Nadie necesita de ser arrastrado a una “trumpolandia”. Nadie necesita de otros muros de la vergüenza ni de un zar del odio.

Es bien verdad que la decisión final estará en las urnas y en las manos de los ciudadanos estadounidenses. Pero, los mexicanos, por ejemplo, tienen millones de familiares, ciudadanos con derecho a voto, del otro lado del Río Grande. Es altura de les decir que este noviembre, deben salir en masa y votar por Hillary. Que no basta con hablar del “latino moment” y del ” latino power”. Es necesario ejercerlo y, en el contexto actual, ese ejercicio, para ser eficiente, pasa por el voto en favor de Hillary y contra Trump.

El voto de noviembre trata no sólo del presente, sino también del futuro. No niego que Hillary está llena de contradicciones, que su programa tiene imperfecciones. Sin embargo, Hillary es el único candidato cuyo programa contiene una declaración explícita contra la pena de muerte, que considera que la misma ” no tiene lugar en Estados Unidos (…)”. Hillary es la única que ha tenido la valentía de afirmar: “Aboliremos la pena de muerte, que ha demostrado ser una forma cruel e inusual de castigo”.

Su programa es el único que propone medidas como el aumento del salario mínimo a 15 dólares por hora y límites concretos a Wall Street. Su programa es el único que incluye medidas de protección a los grupos vulnerables y, el compromiso de “acabar con la detención ” de las familias de inmigrantes indocumentados y que se compromete “asegurar alternativas humanas para quienes no presenten amenazas a la seguridad pública “.

Sí, Hillary es imperfecta, hasta en la contradicción de ser parte del sistema y al mismo tiempo como mujer estar obligada a romper ” el techo de vidrio” de ese mismo sistema. Hasta en la contradicción de luchar por los olvidados a partir de posiciones centristas y de, en un contexto anti-cultural, anti-intelectual, ser el candidato más preparado que alguna vez se ha presentado en unas elecciones presidenciales norteamericanas.

Hillary hizo historia al ser declarada, oficialmente, candidata a la Casa Blanca por el Partido Demócrata. Hillary es imperfecta en un mundo imperfecto. Pero, Hillary tiene una visión coherente de cómo funciona el mundo y el lugar que ocupan, no sólo los intereses estadounidenses en el orden internacional, como también de la necesidad de buscar los equilibrios adecuados con los intereses nacionales de los aliados. Además, posee extraordinarias capacidades políticas, vigor, sentido de la oportunidad y, sobre todo, valentía. Clinton ha hecho uso de todas estas virtudes para alcanzar su candidatura a la Casa Blanca y, hacer historia.

En su revés, Trump es un monstruo revestido de oro, como el becerro bíblico, apoyado por una horda de fundamentalistas religiosos sedientos de sangre y enardecidos por el odio. Hillary es imperfecta en un mundo imperfecto, pero es consciente de esas imperfecciones y entiende que el lenguaje del odio no permitirá, ni la administración del presente, ni la apertura de las opciones del futuro. Las imperfecciones de Hillary son las imperfecciones de la democracia, pero todos sabemos que una imperfecta democracia es siempre superior a una “perfecta dictadura”.