Identidad / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

Villaseñor Meza tiene 46 años de edad, mide 1.85 metros y a través de las redes sociales su familia ha comenzado a circular fotografías con sus datos personales y sus características particulares

El mes de la patria tiene un rico surtidor que proyecta los diferentes signos de una identidad que establece los componentes del estado mexicano desde la primera edad como nación, no exenta de mitos y un evidente maniqueísmo

Morelia, Michoacán, 18 de septiembre de 2016.- El mes de la patria tiene un rico surtidor que proyecta los diferentes signos de una identidad que establece los componentes del estado mexicano desde la primera edad como nación, no exenta de mitos y un evidente maniqueísmo. No caben los puntos intermedios, nuestra historia está plagada de buenos contra malos, visceralmente porque el ingrediente pasional hace de las suyas.

El grito de independencia se mantiene el día 15 de septiembre como se realizaba en el porfiriato porque fue la fecha de cumpleaños de Porfirio Díaz y no renunció a la megalomanía, no excluyó a la vanidad. Desde el periodo de educación básica se inocula una manera muy particular de revisar nuestra historia nacional, en la que cabalgan los ángeles y demonios en todos los momentos y epopeyas; los bienhechores de la patria contra los traidores, se asumen una serie de dogmas que no resistirían un análisis.

La historiografía mexicana en los últimos años ha tenido otros enfoques hermenéuticos, se habla de los héroes ya no desde una perspectiva del bronce, se han desmontado del Olimpo en que los colocó el enfoque positivista, fueron personas de su tiempo. De carne y hueso, no fueron etéreos.

Muchos de los actores políticos de la actualidad desconocen la historia por ello en diversos sentidos parecen ir en contra, particularmente del estado laico ante la andanada de un sector de la iglesia católica a través de organizaciones aparentemente ciudadanas que parecen ir en busca del terror de la Edad Media para asentar de nueva cuenta el oscurantismo y debatir por qué la tierra es cuadrada.

Algunos actores políticos no atinan a leer algunos libros básicos para conocer más de la identidad del mexicano, por ejemplo Octavio Paz y Samuel Ramos que legaron un par de textos fundamentales como El laberinto de la soledad y Perfil del hombre y la cultura en México.

La identidad mexicana es un asunto denso, complejo, porque es la suma de enfoques, el sustrato cultural que deriva de múltiples factores.

No obstante se mantienen los rituales conmemorativos como los del mes de septiembre porque al final del día se significan como el cemento unitivo por encima de las diferencias típicas y previsibles de un paradigma democrático en el que caben voces disímbolas que son necesarias.

Las banderas mexicanas están por doquier, Octavio Paz señaló que el mexicano  grita una vez en el año para callar por todo el resto, así se percibe. Tenemos en los últimos tiempos cuadros deprimentes que van más allá del malhumor social, porque se inscriben en el desafío permanente al estado mexicano, inseguridad, impunidad, gobiernos fallidos que no atinan a poner remedio y cerrar el paso a las bestias del mal del crimen organizado.