Incoherencia, crímenes y cinismo / Mateo Calvillo Paz

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Los valores morales son el soporte de la sociedad, los criminales los aceptan, pero a la hora de los hechos, hacen lo contrario, crímenes

Morelia, Michoacán, 07 de julio de 2017.- Javier Duarte acepta la extradición porque es inocente, dice él. Se acoge a la inocencia como un conjunto de valores absolutamente válidos, al que todo ser que vale debe conformarse.

En buena lógica, el ciudadano de sentido común se pregunta: ¿entonces por qué no fue honesto en su gestión como gobernador del Estado de Veracruz? Es una de esas contradicciones del ser humano.

En su lógica, el criminal es inocente según la moralidad y las leyes que él mismo establece. Hay muchos poderosos que pierden piso como hombres, se creen extraterrestres, demiurgos o demonios, o falsos dioses que deciden del bien y del mal y fijan sus propias leyes, ciegas y absurdas por cierto.

Consecuentemente, ignoran al Dios verdadero.

La  raíz de esta incoherencia, la existencia de estos bipolares, hipócritas, cínicos, simplemente locos, deshumanizados es honda en el tiempo. Está en el avance de la tecnología, con sus leyes deterministas y en el proceso del pensamiento del hombre, la búsqueda de autonomización. Buscan así hacer al hombre el centro y rey del universo, siguiendo la imagen del superhombre de Nietzsche.

En esta corriente, dominados por las leyes de las ciencias exactas, no educamos, sólo informamos según las leyes científicas, no transmitimos las leyes físicas sin una apertura a la vida del  espíritu, así se descuida el edificio de valores.

La ciencia y la tecnología buscan progreso científico, desarrollo con miras a producir bienes de consumo y generar mucho dinero, sólo bienes materiales. La meta es generar riqueza, mediante la producción a gran escala, luego nos hostigan para que consumamos.

En esa lógica hay quienes acumulan dinero en cantidades fabulosos para sentirse a gusto en este mundo materialista y consumista.

El hombre así vive en el pragmatismo, es oportunista y convenenciero, buscan sólo bienes a corto plazo para satisfacer necesidades de bienestar y de placer para el cuerpo. Por lo general los placeres y bienes del espíritu no se aprecian y son abandonados.

Necesitamos buscar el bien integral del ser humano, su destino trascendente, verdadero. Para esto, hemos de elevarnos al nivel de los principios y valores espirituales

Los valores son una herencia cultural, que dimana del ser humano que es un cuerpo animado o un espíritu incorporado. En la cosmovisión occidental cristiana somos cuerpo y espíritu. Los valores tienen muchas veces una existencia larvada en el corazón del hombre. Son la voz de la conciencia muy tenue, ahogada por otros ruidos.

La primera gran reforma gubernamental que necesitamos, es la reforma moral que muchos políticos no pueden entender, o no les conviene, como otras reformas cuya discusión es relegada a otros tiempos.

Necesitamos recuperar la verdad del hombre, poner los pies en la realidad.

Tenemos un prototipo, Jesucristo en quien el hombre puede mirar su imagen verdadera y realizada a plenitud. Lo entienden quienes tienen el tesoro escondido de la fe de Cristo, el Hijo de Dios que vino a transitar los caminos de la historia.

“Cristo Jesús hizo siempre lo que agradaba al Padre. Vivió siempre en perfecta comunión con El – afirma el Catecismo de San Juan Pablo II-. De igual manera sus discípulos están invitados a vivir bajo la mirada del Padre, que ve en lo secreto”.

El camino hacia la inocencia de la conducta, de la honestidad, la coherencia, la dignidad es la ley de Dios que se expresa en las leyes humanas justas.

Urge que los gobernantes sean coherentes, que se acojan a la inocencia no sólo en el discurso, que sean de honestidad intachable, que no mientan, que no busquen el poder para mandar y hacer enormes fortunas ilícitas.

Pero debemos ver con verdad no sólo a los gobernantes, el pueblo tiene gobernantes a su imagen y semejanza. Los gobernantes corruptos son fruto de un árbol malo, son expresión de la sociedad corrupta. El llamado de Jesucristo a vivir bajo la mirada de Dios es para todos. Muchos ciudadanos de los pobres y humildes son corruptos, sólo que no han tenido oportunidad pero arden en deseos  de la gran vida de los malvados.

La persona que ama la inocencia, no sólo se envuelve en ella con bellas palabras sino hace que hace el bien sin mentiras ni hipocresías.