La Fiebre del Oro / Erik Avilés

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Nuestro colaborador de Atiempo.mx, Horacio Erik Avilés, es presidente de Mexicanos Primero en Michoacán; fue director del Polifórum Digital de Morelia y actualmente es presidente del Consejo Ciudadano de Morelia

Nuestro colaborador de Atiempo.mx, Horacio Erik Avilés, es presidente de Mexicanos Primero en Michoacán; fue director del Polifórum Digital de Morelia y actualmente es presidente del Consejo Ciudadano de Morelia

Recientemente la opinión pública internacional se ha sacudido por el escándalo de posible dopaje en Rusia, en donde la insaciable necesidad de mostrar hegemonía para legitimar a esa nación como una potencia global, al ser su sistema deportivo tratado como un subordinado manipulable y siempre al servicio de los intereses políticos y económicos de los líderes rusos

Morelia, Michoacán, 24 de julio de 2016.- Recientemente la opinión pública internacional se ha sacudido por el escándalo de posible dopaje en Rusia, en donde la insaciable necesidad de mostrar hegemonía para legitimar a esa nación como una potencia global, al ser su sistema deportivo tratado como un subordinado manipulable y siempre al servicio de los intereses políticos y económicos de los líderes rusos, cuya obsesión por mostrar a su país como todopoderoso data de la Guerra Fría y en la actualidad no mengua ante prácticamente ley alguna. El informe Mc Laren ha exhibido la intrincada red de complicidades y rocambolescos procesos que construyeron con tal de lograr que atletas dopados figurasen en el medallero.

Con este tipo de acciones, queda claro que en la inmoralidad de algunos el espíritu olímpico es relegado a segundo término en pro de saciar  la ambición por alcanzar los primeros lugares en una competencia, a costa de lo que sea. El precio, que es promover antivalores entre quienes están formándose en un sistema deportivo, es incalculable y termina por revertirse a quienes actúan de esa manera.

Al respecto, en nuestro entorno, en la pasada etapa final de Olimpiada Nacional 2016, en la disciplina de ajedrez, nos encontramos ante un dilema que nos planteó la ambición respecto a la persecución del oro a como diera lugar. Resulta que se enfrentaron en la última ronda los juveniles purhépechas Alfonso Aldaír López Calderón y Omar Molina Mendoza en el ritmo Clásico, en el cual tenía 14 años en los que Michoacán no obtenía una medalla y en este siglo no se ha obtenido una presea dorada. Sin embargo, a la mencionada partida arribó Omar Molina Mendoza con medalla de oro seguro en caso de ganar la partida contra el oriundo de Chucándiro. Se analizó rápidamente la situación y precisamente por las terribles consecuencias que tendría siquiera intentar intervenir una partida entre jugadores con ejemplares trayectorias de vida se resolvió no importunar a los jugadores y dejar que ganase el mejor, tal y como ellos han aprendido de sus entrenadores. En total congruencia con las lecciones aprendidas, los jugadores tampoco negociaron entre sí de manera alguna y dirimieron la competencia en el tablero, en donde finalmente resultó vencedor Alfonso Aldair, quien obtuvo la medalla de plata; Omar ocupó el quinto sitio en la clasificación general, pero a la postre ganó dos medallas más en otro ritmo de juego que se compitió al día siguiente.

¿Qué hubiera pasado si se hubiera intervenido desde afuera del tablero en esa final? Definitivamente, existe la seguridad de que ambos trebejistas hubiesen ignorado por completo la perniciosa recomendación.  Hoy, podemos mirar a la cara a ambos jugadores michoacanos y ellos a su vez, tienen trayectorias ejemplares de vida y deportivas que merecen ser seguidas por los jóvenes michoacanos.

Y a manera de lección, la proteica ambición desmedida, totalmente distanciada de la legítima aspiración basada en el talento, y entrenamiento disciplinado,  que suele ser manifestada  como fiebre del oro en el deporte competitivo, debe ser contenida mediante la formación integral de los deportistas. En caso contrario, se vacía de sentido al deporte como actividad educadora.

Sus comentarios son bienvenidos en erik.aviles@gmail.com y en Twitter en @Erik_Aviles