Los agravios / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

El autor es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

No falta quien diga que se debe hablar bien de Michoacán, pero pregunto si denunciar hechos reales públicamente es ilegal y la respuesta es negativa

Morelia, Michoacán, 19 de julio de 2015.- Hace una semana se escapó Joaquín Guzmán Loera del penal de alta seguridad que se ubica en Almoloya de Juárez, evidentemente las dudas superan a las certezas, lo único seguro es que se fugó. Eso sucede en el entorno nacional tan salpicado de ineficiencia. En Morelia tenemos baches a granel, asaltos a mano armada, una oleada de robo de automóviles está presente como nunca aunque el gobierno trate de matizar esas dificultades visibles.

Los restauranteros se han quejado públicamente porque en diversos negocios han irrumpido los maleantes para despojar a los comensales a plena luz del día, las notas las leemos a diario entonces me pregunto qué demonios sucede en nuestra ciudad que la inseguridad vulnera la confianza.

Seguramente no escucharemos ni la mínima autocrítica de los gobiernos porque no es su costumbre, la humildad está ausente pero los efectos de la delincuencia los sufrimos, los pagamos, nos despojan de nuestros bienes, acudimos a las instancias establecidas legalmente para ello que es la agencia del Ministerio Público pero no sucede nada, con ello se acrecienta la impunidad con todo su peso descomunal que arruina la fe.

No falta quien diga que se debe hablar bien de Michoacán, pero pregunto si denunciar hechos reales públicamente es ilegal y la respuesta es negativa. Michoacán aglutina muchos temas y cosas, no desconocemos la grandeza, la riqueza y una historia densa que refleja símbolos de identidad, pero ello no significa que nos pongamos un bozal o que bajemos la cabeza para condenar los agravios sufridos en un espeso silencio, no, esos tiempos son de otra era.

No sabemos si quienes se han dedicado en las últimas semanas a despojar de su dinero a cuentahabientes de los bancos o a robar automóviles a punta de pistola sean del crimen organizado o anárquico pero vaya que hacen daño, la sensación de inseguridad e indefensión es parte de un trance sumamente amargo.

Son muchos los agravios, son tantas las historias cotidianas en las que se da cuenta de actos ilícitos pero no hay respuestas, en la antigüedad los maravillosos griegos hablaban en el Ágora del bien común que no es otra cosa que la felicidad, ahora los gobiernos no están interesados por este tema que es inherente al humanismo, no les interesa, no reditúa, mientras vivimos en medio de una jungla que nos advierte la guerra de todos contra todos.