Los secretos de la rebelión de los cristianos / Jorge E. Traslosheros

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El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, articulista del diario La Razón

El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, artículista del diario La Razón

La semana pasada ofrecí dar a conocer el programa de rebelión de los cristianos. Hoy cumpliré mi promesa. Los cristianos tenemos nuestro libro de batalla en el que se encuentran señaladas las líneas estratégicas de pensamiento y acción, su nombre es La Biblia

Ciudad de México, 13 de julio de 2017.- La semana pasada ofrecí dar a conocer el programa de rebelión de los cristianos. Hoy cumpliré mi promesa. Los cristianos tenemos nuestro libro de batalla en el que se encuentran señaladas las líneas estratégicas de pensamiento y acción. Su nombre es La Biblia y el plan de rebelión está en el llamado Nuevo Testamento, particularmente en los Evangelios.

Pueden encontrarse claves importantes de interpretación en San Mateo, capítulo 5. Es una sección que denominamos “Sermón de la Montaña”, cuyo autor es Jesús de Nazaret. No es un mensaje moralista, sino un plan de rebelión contra la reducción del ser humano a cosa. La Biblia es un libro extremadamente peligroso que ya ha inspirado grandes acontecimientos históricos, como la defensa de los indios americanos, la liberación de los esclavos, la independencia de la India (Ghandi dixit) o la lucha por los “civil rights” en Estados Unidos.

La palabra secreta para descifrar el plan de rebelión es: “caridad”. No es una bella receta de buen comportamiento, sentimental y edulcorada, para sentirse bien. Caridad es una persona. Es nuestro Jefe Máximo del cual el Papa, obispos, religioso y laicos somos alegres subordinados. Él es el Jefe y nosotros, en el mejor de los casos, siervos inútiles cuando nos abandonamos a nuestra suerte. Esta persona tiene un nombre clave: le llamamos “El Cristo”, alias Jesús de Nazaret.

El Jefe Máximo funda su relación con nosotros en su amor incondicional de suerte que, al entrar en relación con él brota un cariño difícil de explicar, un amor profundo y transformador. La experiencia es tan decisiva que ordena nuestras relaciones con nosotros mismos, con otras personas e incluso con la naturaleza. La relación, por lo que a nosotros respecta, nunca es perfecta, solemos equivocamos; pero él la sostiene y siempre nos perdona. Así nos cura, supera nuestras limitaciones y nos reintegra a la rebelión. Esto vuelve locos a los detractores de Jesús quienes, desde hace siglos pretenden desmoralizarnos echándonos en cara nuestros equivocaciones e inconsistencias. No obstantes, si él nos ha liberado de los errores, resulta difícil que otros nos mantengan a ellos encadenados. Es una rebelión de hombres y mujeres libres.

El Jefe Máximo diseñó catorce líneas de acción estratégicas. No son un código de ética, mucho menos las únicas acciones posibles. Son, al mismo tiempo, el punto de partida, el puerto de cobijo, el cuartel de renovación y el faro en el camino. Son catorce obras capitales a partir de las cuales la caridad se despliega sin más límite que la imaginación, desarrollada dentro de circunstancias muy concretas y de cara a cada persona. Éstas son: cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar refugio al peregrino, vestir al desnudo, cuidar a los presos, enterrar a los difuntos, enseñar al que no sabe, dar buen consejo a quien lo necesite, corregir al que se equivoca, perdonar a quien nos ofende, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, pedir a Dios por vivos y difuntos.

Las obras de caridad siguen la ley de la reversibilidad y de la elasticidad. Por un lado, las puedo aplicar y me las pueden aplicar, lo que nutre la solidaridad. Por otro, su elasticidad abarca desde lo más íntimo y personal, hasta los grandes horizontes de la historia, con alcances civilizatorios.

Un ejemplo de reversibilidad se puede encontrar en un padre o madre de familia, quienes ejercerán y recibirán cotidianamente las catorce obras de caridad, de las más diversas e imaginativas formas. Además, si sus hijos son adolescentes, serán sometidos a las más duras y gozosas pruebas. Formarán una familia sólida y generosa, es decir, una célula subversiva ante la cultura del descarte.

Un ejemplo de elasticidad. Perdonar a quien nos ofende puede reconstruir una añeja amistad o crear una nueva de raíces profundas; o bien, fundar la ONU después de la Segunda Guerra Mundial; o crear la Unión Europea cuyos padres belgas, alemanes, franceses e italianos confabularon con el Papa Pío XII para lograrlo.

Lo más peligroso de estas líneas de acción estratégicas es que son muy contagiosas. Su eficacia y bondad son fácilmente reconocibles por hombres y mujeres de buena voluntad. Puedo entender el enojo de quienes hoy orquestan la persecución contra los cristianos en Occidente, pero a ellos les tengo buenas noticias.

En buena lógica, los cristianos podríamos ser neutralizados y destruidos. La próxima entrega explicaré cómo intentarlo.

jtraslos@unam.mx
Twitter:
 @jtraslos