Los suspirantes… Traiciones en el PAN

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No hay nada más antidemocrático que la exigencia de las minorías de querer imponerse a las mayorías y dictarles lo que deben hacer, así como cuándo, dónde y cómo deben hacerlo. Y eso es algo que pasa no sólo en el PAN, sino también con mucha más frecuencia en el PRD y en otros institutos políticos.

No hay nada más antidemocrático que la exigencia de las minorías de querer imponerse a las mayorías y dictarles lo que deben hacer, así como cuándo, dónde y cómo deben hacerlo. Y eso es algo que pasa no sólo en el PAN, sino también con mucha más frecuencia en el PRD y en otros institutos políticos.

Es evidente que la traición y el contubernio de ese grupo de senadores con el PRI tiene dedicatoria para Ricardo Anaya, pues los traidores pertenecen precisamente a los equipos de otros dos aspirantes presidenciales, como Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle, a quienes ya no parecen importarles las formas, con tal de quitarse al queretano del camino

Morelia, Michoacán, 05 de septiembre de 2017.- Lo ocurrido recientemente con el PAN en el Senado es una muestra más de hasta dónde están dispuestas ciertas clases de políticos a ganar los espacios, las posiciones y las candidaturas a costa de lo que sea, incluyendo la dignidad, los principios y los compromisos partidistas, no se diga ya los nacionales.

Nada, absolutamente nada, justifica que por su cuenta, cinco senadores panistas hayan negociado con el coordinador del PRI en la Cámara de Senadores, Emilio Gamboa Patrón, la presidencia de la Mesa Directiva a favor de uno de ellos.

Hagamos un breve recuento, al PAN no le correspondía la Presidencia del Senado, sino que ésta sería una posición del tricolor, que también tiene la Junta de Coordinación Política. La bancada pidió a su coordinador, Fernando Herrera, que la peleara ante la Junta de Coordinación Política, sobre todo por ser éste el último año de la Legislatura saliente y por ser temporada de elecciones.

El PRI accedió y pidió su propuesta al blanquiazul, quien presentó a Laura Rojas y Adriana Dávila (una de ellas calderonista y la otra anayista), quienes presidirían la Cámara por periodos de seis meses cada una, pero con evidente cálculo político Emilio Gamboa las rechazó y pidió nuevas propuestas, incluso, a modo de provocación planteó que la bancada -en su mayoría anayista- propusiera a Mariana Gómez del Campo, prima de Margarita Zavala, la competencia directa del jefe nacional, Ricardo Anaya, por la candidatura presidencial.

Fernando Herrera demandó que se aceptaran sus propuestas iniciales, pero mientras el PAN debatía otras posibles alternativas, un grupo de cinco senadores panistas, Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth, Jorge Luis Lavalle, Javier Lozano y hasta el michoacano, Salvador Vega Casillas, negociaron con el PRI, la Presidencia del Senado para el primero de ellos.

Finalmente, con el respaldo del PRI, del PRD, del Morena y del PT, partidos a los que evidentemente les interesaba agudizar las diferencias ya existentes en el PAN, Ernesto Cordero obtuvo 77 votos a favor, pero la bancada panista no lo eligió ni votó ni lo respalda a él.

Estamos ante el primer caso en la historia reciente de México en el cual el presidente de una de las cámaras es determinado por un partido distinto al cual pertenece, cuando la práctica parlamentaria indica que si la posición era del PAN, correspondía a la bancada, no a algunos de sus integrantes por su cuenta, determinar a quién iban a presentar.

Es evidente que la traición y el contubernio de ese grupo de senadores con el PRI tiene dedicatoria para Ricardo Anaya, pues los traidores pertenecen precisamente a los equipos de otros dos aspirantes presidenciales, como Margarita Zavala y Rafael Moreno Valle, a quienes ya no parecen importarles las formas, con tal de quitarse al queretano del camino.

Ahora en tribuna y ante los medios hemos visto como varios de los traidores tratan de justificarse, con argumentos como el de que han sido relegados de los puestos importantes, de cargos públicos y candidaturas por ser de grupos distintos a aquél que ahora tiene el control del partido.

En ese sentido, es mi opinión que si existe un equipo mayoritario al interior de un instituto político, es obvio que ese grupo acaparará la mayoría de las posiciones, porque representa los intereses de la mayoría de la militancia que votó y consensuó por ese proyecto.

Por lo tanto, a quienes esta vez no son la mayoría, sólo les quedan de dos sopas, o disciplinarse y acatar lo que se decidió de manera democrática, o bien, abandonar las filas del partido, si es que no se sienten representados por lo que decidió la mayoría. Y esto aplica para todos los partidos.

No hay nada más antidemocrático que la exigencia de las minorías de querer imponerse a las mayorías y dictarles lo que deben hacer, así como cuándo, dónde y cómo deben hacerlo. Y eso es algo que pasa no sólo en el PAN, sino también con mucha más frecuencia en el PRD y en otros institutos políticos.

Por lo pronto, todo indica que a los traidores de Acción Nacional,  Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth, Jorge Luis Lavalle, Javier Lozano y hasta el michoacano, Salvador Vega Casillas, se les iniciará un procedimiento para su expulsión no sólo de la bancada, sino de las filas panistas en general, esto, a petición de las dirigencias estatales de Michoacán, Campeche, Ciudad de México, Tlaxcala y el Estado de México.

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