México: El ascenso silencioso del “grupo Morelia” / Felipe Monroy

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Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

Formado en la UNAM, tras colaborar con el Semanario Desde la Fe y contribuir a crear el sistema informativo de la Arquidiócesis de México, el autor es director de la revista Vida Nueva, que se publica con éxito desde hace más de 50 años en España

Con el reciente nombramiento del arzobispo de Acapulco, queda clara la consolidación de un grupo de obispos cercanos al cardenal emérito de Morelia Alberto Suárez Inda, hombre apreciado por el Papa Francisco

Ciudad de México, 03 de julio de 2017.- Con la notificación del traslado del obispo de Tapachula, Leopoldo González González, a la sede metropolitana de Acapulco, se consolida un amplio grupo de obispos mexicanos vinculados a un proyecto que ya es transgeneracional y cuya figura en común es el distinguido arzobispo emérito de Morelia, el cardenal Alberto Suárez Inda.

El cardenal originario de Celaya tiene una relación sumamente íntima con al menos 18 obispos mexicanos que él mismo ha consagrado o participado en su consagración, de los cuales cinco son arzobispos metropolitanos en activo: Francisco Moreno de Tijuana; Rogelio Cabrera de Monterrey; Carlos Garfias de Morelia; Fabio Martínez de Tuxtla Gutiérrez y el propio Leopoldo González, ahora en Acapulco.

Por si fuera poco, estos obispos a él vinculados por la herencia episcopal ya han consagrado a otros 12 obispos en activo; uno de ellos es José Fernández Hurtado, arzobispo de Durango, seis más son obispos residenciales y el resto auxiliares que forman una cantera importante para las próximas dos décadas de la Iglesia mexicana.

El otro prelado mexicano con una gran cantidad de obispos consagrados es el cardenal Norberto Rivera Carrera (29) pero sólo uno de ellos ha tomado posesión de una sede metropolitana, Víctor Sánchez Espinosa, hoy arzobispo de Puebla; y por lo menos 16 han sido sus propios obispos auxiliares (con un registro negativo de dos obispos que tuvieron que abandonar el ministerio bajo señalamientos graves de moral: Luis Fletes y Rogelio Esquivel).

Por su parte, el cardenal José Francisco Robles, arzobispo de Guadalajara, acumula 12 obispos consagrados (un arzobispo); y el cardenal arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, ha fungido como consagrante para 14 obispos mexicanos (ninguno ha sido elevado a sede arzobispal).

Lo que destaca en el caso de los pastores vinculados al cardenal Alberto Suárez Inda es que sus arzobispos suman una tercera parte de los titulares de las 18 provincias episcopales en las que está organizada pastoralmente la República Mexicana. Esto es relevante toda vez que los metropolitanos tienen una importante función en la configuración y renovación de la geografía episcopal.

Así, los estados de Guerrero, Michoacán, Baja California, Nuevo León, Durango y Chiapas prácticamente guardarán un estilo de trabajo y el proyecto pastoral en las próximas décadas; pero es la presencia de obispos afines al estilo del cardenal Suárez Inda en otras latitudes lo que anticipa que regiones como la Costa del Pacífico, el Noroeste, Oaxaca, el Bajío y el Centro del país podrían tomar la ruta inspirada por el cardenal celayense.

Son, sin embargo, los jóvenes obispos auxiliares los que tendrán un papel relevante en los próximos diez o quince años pues según los méritos de su servicio y trabajo tienen posibilidad de acceder a diócesis residenciales o a responsabilidades de gran representatividad como hoy la tiene Juan Espinoza, auxiliar de Morelia, como secretario general de la Conferencia Episcopal Latinoamericana; o el obispo Alfonso Miranda, auxiliar de Monterrey (consagrado por Rogelio Cabrera, muy cercano a Suárez Inda), como secretario general del Episcopado Mexicano.

Pero ¿cuál es esa ruta, el estilo y el proyecto que comparte este robusto grupo episcopal en México? El propio Suárez Inda parece sintetizarlo en una entrevista con el Vatican Insider: “Reconocer que la mayoría de nuestro pueblo es noble, con una gran tradición cristiana, tenemos riquezas naturales, historia muy rica en cuanto a instituciones y personas relevantes a través de los siglos. Por la religiosidad muy arraigada resultan paradójicos y contradictorios los problemas de pobreza, desempleo, violencia e inseguridad que padecemos […] no hay que dramatizar los problemas en el país porque hay muchos aspectos muy bellos, muy positivos. De manera que: ¡No vivimos en un infierno! En general vivimos un ambiente muy humano, aunque los sobresaltos no faltan”.

¿Serán estas líneas las que marcarán los próximos años a la Iglesia católica de México? ¿Valorar la tradición religiosa, no dejar de mirar los desafíos sociales y no satanizar la realidad? En fin, sólo el tiempo y los inminentes relevos en San Cristóbal de las Casas, Antequera-Oaxaca, Torreón, Mixes, Veracruz y México podrán confirmar la ruta.

* Periodista, ex director de la revista “Vida Nueva” en México.

@monroyfelipe