Periodistas en riesgo / Alejandra Ortega

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora de ATIEMPO.MX, con una amplia trayectoria de más de 15 años en los medios de comunicación

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora de ATIEMPO.MX, con una amplia trayectoria de más de 15 años en los medios de comunicación

Sin duda el trabajo periodístico atraviesa por un momento muy crítico en el que no se le da el valor real y no se entiende su importancia y trascendencia en una sociedad. La libertad de expresión parece ser un derecho que sólo algunos tienen y que pone en riesgo a quienes lo ejercen de forma profesional.

Morelia, Michoacán, 30 de mayo de 2017.- Son muchos los riesgos a los que se enfrentan los periodistas y reporteros en México y más en un estado tan convulsionado como el nuestro.

Las condiciones en las que trabajamos la mayoría de quienes nos dedicamos a informar, no son las más deseables. Por una parte, solemos ser sujetos del linchamiento público cuando hacemos algún señalamiento o denuncia de algún funcionario o institución.

Pues mientras hay algunos que pueden ver con buenos ojos que se diga la verdad o que se desenmascare a alguien que comete algún delito o abuso, siempre hay la otra parte que trata de desvirtuar el trabajo del comunicador, a veces de las formas más hostiles y agresivas, casi siempre detrás de un perfil en redes sociales o de forma anónima, esto sin ninguna consecuencia. De esta manera, los periodistas y reporteros estamos totalmente expuestos y vulnerables, dando la cara públicamente y haciendo también públicas nuestras ideas, formas de pensar y los hechos que difundimos en los diferentes medios.

¿Y quién nos defiende? Nadie. No hay realmente algún órgano o instancia a la que el reportero pueda recurrir con la certidumbre de que será atendido de manera efectiva y pronta cuando es sujeto de este tipo de vejaciones a su ejercicio periodístico, pero también cuando algunos son objeto hasta de agresiones físicas. Realmente no se tienen garantías.

En ocasiones hemos sido testigos de agresiones a reporteros en las calles, de amenazas claras, pero también de levantones, secuestros y asesinatos, a los que no se les da seguimiento, no se cuida la integridad del comunicador, ni se castiga a nadie.

Es lamentable, pero la labor periodística es cada vez más compleja. Nos enfrentamos a dificultades que van mermando varios principios fundamentales del periodismo como es la de informar de forma oportuna los hechos ocurridos en un determinado lugar, pues con el Nuevo Sistema de Justicia Penal, esto se vuelve imposible si nos sometemos de forma rigurosa.

Según este sistema, no se puede informar sino están corroborados los hechos, es decir, podrían pasar días y semanas para que las autoridades puedan confirmar un suceso, mientras tanto el reportero no puede publicarlo.

De esta forma, el nuevo sistema condiciona el ejercicio periodístico con una serie de preceptos a seguir, según sus promotores, para ejercer la profesión de forma adecuada, cuando la realidad es que de periodismo muy poco saben.

A esto le sumamos un problema cada vez más recurrente, ahora cualquiera cree saber y conocer de esta profesión. Las redes sociales lo que han hecho es dar voz, en los mismos niveles, a todo mundo.

Y algunos que se creen reporteros por tener una cuenta de Facebook y un teléfono con cámara, usan las redes para difundir cuanta cosa se les ocurre, tengan o no pruebas, eso es lo de menos, y esto, obviamente sin ningún rigor periodístico.

Lo curioso es que la gente les cree y les da una importancia y relevancia que no deberían ser, pues muchas veces se trata de información falsa, información incompleta y sesgada.

Así mientras a los verdaderos periodistas, reporteros y comunicadores se les trata con mucho rigor y hasta se coarta su libertad de informar y opinar, bajo un sinnúmero de preceptos legales que cumplir y que de no hacerlo, las sanciones son realmente fuertes para el reportero y el medio de comunicación, por el otro lado todas esas personas que usan las redes sociales para publicar información no corroborada y falsa, muchas veces detrás de un perfil también falso, no tienen ninguna consecuencia, a esos no se les castiga ni se les regula y esto tiene consecuencias muy serias, porque estas prácticas se propagan de una forma muy rápida y es muy común ver hasta páginas web hechizas para un sólo propósito, sin nombres de quienes escriben la información o están a cargo de los contenidos, desvirtuando el quehacer periodístico.

La labor de informar de forma seria, es mucho más que sólo publicar opiniones y ocurrencias, a veces con fines hasta perversos.

Sin duda el trabajo periodístico atraviesa por un momento muy crítico en el que no se le da el valor real y no se entiende su importancia y trascendencia en una sociedad. La libertad de expresión parece ser un derecho que sólo algunos tienen y que pone en riesgo a quienes lo ejercen de forma profesional.