Progreso y educación / Mateo Calvillo Paz

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Ha desaparecido en todas partes la moral, estamos en la corrupción total, para salir necesitamos los cimientos de educación de excelencia.

Morelia, Michoacán, 11 de agosto de 2017.- Hace unos días regresé de Boston, Massachussets, de las Jornadas de estudio de la Sociedad de Catequetas Latinoamericanos (SCALA). Fue una experiencia extraordinaria, de gran nivel. Cuento de broma que es como si hubiera jugado un partido con el equipo de futbol Barcelona.

Fue un estudio sobre educación en la fe de los católicos desde la Patagonia hasta las comunidades hispanas de Estados Unidos.

Un descubrimiento deslumbrante es la educación de los laicos que promueve la Iglesia Católica de los hispanos. Está formando en universidad a 50 000 laicos, en los niveles de maestría y doctorado en las ciencias religiosas. Algunos de ellos compartieron las Jornadas.

Don Vasco era un educador egregio. Apoyó su servicio en la educación. Así fundó el Colegio Primitivo de San Nicolás en Pátzcuaro. Adiestró a los indígenas en las artes y oficios. Por eso su obra perdura hasta nuestros días.

Estamos empantanados en el atraso social, en la crisis de corrupción, violencia y barbarie que permea toda la vida social por falta de educación.

El motor del progreso es el hombre, si queremos levantar un rascacielos tenemos que tener a los ingenieros y trabajadores competentes para realizar la tarea. La primera reforma que necesitamos es la del hombre, hay que darle una educación integral.

Es el primer requisito cuando queremos construir la civilización de la paz, formar pueblos que se dan las estructuras materiales y sociales necesarias para tener progreso y bienestar.

En todo proyecto humano la unidad básica, la célula es el hombre.

Estamos en manos de políticos  pragmáticos, que no toman la debida distancia de los problemas y las obras que emprenden. Sus soluciones son inmediatistas, coyunturales, del sexenio.

Por eso, los resultados de primer mundo están sólo en los discursos, lo mismo que la superación de la crisis y de la corrupción.

Sin una sociedad de hombres y mujeres preparados, en el estudio y el aprendizaje, las reformas y los programas de gobierno no dan los resultados esperados y requeridos.

Seguimos en el atraso. Sólo las elites viven como en el primer mundo, en cuanto a comodidades y abundancia de dinero y bienes materiales, no como profesionales y gobernantes.

Las mayorías viven en el atraso y miserias materiales y morales. Es triste como en los rubros más importantes que estudian las encuestadoras, como educación, productividad, transparencia, México va a la cola de las naciones. Y Michoacán va a la cola de México.

En investigación y estudio de post grado, México no quiere invertir.

En el sistema básico y profesional se ha descuidado la educación. El panorama que ofrece el sistema educativo es lamentable. Los obispos de México ven una emergencia educativa.

He llegado a la conclusión de que los países más florecientes, los que tienen más alto nivel de vida, son los que se han preocupado por dar formación a su pueblo, aprovechando las edades de aprender.

La Iglesia, como sociedad formada por hombres tiene sus crisis también. La ignorancia religiosa y moral, la pérdida de los valores de Cristo como el amor y la santidad se debe a una educación atrasada, superficial o faltante.

Se necesita una importante inversión de tiempo y recursos espirituales y materiales en educación. Los futuros sacerdotes necesitan una formación exigente y actualizada.

También los laicos y la comunidad creyente en general. Se necesita un impulso enérgico que rompa la rutina y las deficiencias tradicionales.

Lo exige una sociedad que cambia vertiginosamente impulsada por los grandes medios de comunicación electrónica, específicamente por las redes sociales y los escenarios digitales.

Una experiencia magnífica, que provoca envidia está viviendo la Iglesia de los hispanos en Estados Unidos. En año académico 2013-2014, tenían 22 791 laicos en formación teológica. De ellos 17114 están en programas formales de certificación en teología y pastoral. Mientras que 5 177 (veinticinco por ciento) estaban en programas para obtener el postgrado en teología y pastoral.  Los datos los proporciona un colega de SCALA, Hosffman Ospino, laico, doctor y profesor en el Boston College.

Con su mercadotecnia, sentido de la inversión, sin  escatimar recursos están preparando una floración de apóstoles laicos.

Platiqué con Verónica Rayas de El Paso Texas. Tiene doctorado en educación en la fe, el mismo doctorado que yo hice en Estrasburgo Francia, con un proyecto pastoral muy interesante en la diócesis del mismo nombre. Un ejemplo deslumbrante.

Necesitamos una gran inversión educativa en la Iglesia de Morelia y de México. Si no el futuro será triste, sin frutos como nuestros campos estériles descuidados, sin inversión y sin cultivo post moderno.