¿Quiénes financian al crimen organizado? / Alejandra Ortega

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora de ATIEMPO.MX, con una amplia trayectoria de más de 15 años en los medios de comunicación

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora de ATIEMPO.MX.

Queremos ser víctimas, quejarnos amargamente y exigir a los gobiernos una solución pronta a la delincuencia organizada. Por supuesto que la merecemos los ciudadanos, el gobierno debe procurarla, pero también debemos poner de nuestra parte para que estas actividades ya no sean un negocio.

Morelia, Michoacán, 30 de julio de 2017.- Hace unos días, en un operativo de la Marina fue abatido el líder de un grupo delictivo en Tláhuac, “El Ojos”, junto con varios de sus colaboradores, lo que provocó narcobloqueos en la zona, una situación que no se había visto en la Ciudad de México.

A pesar de esto las autoridades de esa demarcación insisten en que no hay cárteles ni grupos grandes de narcotráfico, mientras algunos más aseguran que la droga llega en camiones llenos de cocaína que arriban continuamente.

Todos nos quejamos de la violencia, de la existencia de grupos criminales y delincuenciales, pero se nos olvida que a estos grupos los hace fuertes el tráfico y venta de droga. Esa droga que muchos mexicanos están consumiendo, y que el hecho de consumirla supone comprarla a estos grupos precisamente y por lo tanto, los consumidores se convierten en sus financiadores, en quienes los sostienen y convierten esta actividad en una de las más lucrativas.

Los consumidores que fomentan que haya esta ola desatada de violencia y que han convertido a México en un país de consumo, ya no de paso de la droga como antes, cuando los estupefacientes no se quedaban aquí, el mercado fuerte era Estados Unidos, pero convertir a México en un mercado potencial de consumo fue un objetivo de estas bandas y cárteles, luego de que el país vecino cerrara sus fronteras por un largo periodo desde los ataques del 11 de septiembre.

Nunca antes nuestro país había llegado a tales grados de consumo de droga, a todos niveles, en todos los sectores de la sociedad, a edades muy tempranas incluso.

En Michoacán estas situaciones las vivimos a menudo, los bloqueos y el robo y quema de vehículos ya no nos asusta, se ha convertido en una imagen casi cotidiana, al igual que pasa en otros estados del país como Tamaulipas, Jalisco, Nayarit, Guerrero o Sinaloa.

Ahora queda muy claro que el crimen organizado ha permeado de una forma ya incontrolable.

El cártel de Tláhuac, operaba en todo el oriente de la Ciudad de México y buscaba ampliar su zona de influencia, esa organización controlaba a ambulantes y taxistas, además del narcomenudeo, que se apoderó de Ciudad Universitaria y en donde las mismas autoridades de esa institución negaron siempre esto.

Hoy el problema de estas organizaciones delictivas ningún gobierno puede erradicarlo, las raíces son profundas y muy intrincadas y los daños que provocan en la sociedad son incalculables y permanentes.

La cotidianeidad de los asaltos a mano armada, de los asesinatos y secuestros nos tienen a todos aterrados, con la incertidumbre de no saber si el salir de casa nos supondrá perder algún bien o ya no regresar a ella.
No cabe duda que la colusión de muchas autoridades en muchos estados y municipios, nos tiene en este estado tan lamentable de inseguridad.

Sin embargo, seguimos siendo una sociedad inconsciente porque a pesar de que sabemos cuáles son los otros giros de estos grupos de la delincuencia, como la venta de películas pirata, de celulares a bajos costos, de vehículos de dudosa procedencia, de medicamentos robados, o incluso de asistir a negocios como centros nocturnos, que parece que pululan en la ciudad, todo esto que sabemos bien tienen un fondo ilícito, pero que aun así cerramos los ojos para consumirlo, nos hace partícipes de la situación en la que vivimos.

Queremos ser víctimas, quejarnos amargamente y exigir a los gobiernos una solución pronta. Por supuesto que la merecemos los ciudadanos, el gobierno debe procurarla, pero también debemos poner de nuestra parte para que estas actividades ya no sean un negocio.

Está también en nosotros poder coadyuvar para que estos altos índices de violencia disminuyan.

Evidentemente no todo está en nuestras manos, el gobierno debe procurar nuestra seguridad, pero si la labor es en conjunto, si los ciudadanos nos hacemos responsables de la parte que nos toca y evitamos hacerle el juego a estas bandas, en lo posible, seguramente dejará de ser el gran negocio que es hoy, y quizás hasta entonces el panorama nos volverá a cambiar para bien.

Lo que sí es seguro, es que ninguna de esas cosas que nos venden y ofrecen son indispensables, buenas o positivas para nuestras vidas y las de los nuestros.