Trampas de la simulación de la calidad educativa / Teresa Da Cunha Lopes

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Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

Teresa Da Cunha es doctora en Derecho; con diversos posgrados en universidades de México, España y Francia; profesora investigadora de la UMSNH; miembro del Sistema Nacional de Investigadores; y coordinadora del Área de Ciencias Sociales en el CIJUS

¿Está el propio sistema educativo, o sea la manera como se transmiten a las nuevas generaciones, los saberes, destrezas y competencias, en peligro? En una palabra, sí.

Morelia, Michoacán, 15 de noviembre de 2015.- ¿Está el propio sistema educativo, o sea la manera como se transmiten a las nuevas generaciones, los saberes, destrezas y competencias, en peligro? En una palabra, sí.

Si los dirigentes políticos -con capacidad legislativa y ejecutiva- y las propias masas confunden “checar indicadores” y subir a una plataforma “lista de evidencias” con “calidad educativa” y no empiezan a actuar de manera mucho más enérgica, proporcionándole a los profesionales de la educación la ayuda suficiente para evitar lo peor, es muy posible que se produzca una reacción en cadena que empiece (ya empezó ) con el decline de las capacidades de abstracción, razonamiento lógico, destrezas para solucionar problemas, expansión de una incultura funcional y termine causando muchos más estragos.

Mientras tanto, ¿qué lección podemos aprender los demás del análisis atento de sistemas que eliminaron (hasta las fronteras de lo posible) la simulación de procesos como dogma?, ¿qué lección podemos aprender los demás de la observación de resultados en sistemas en que la represión no es usada como sustituto de gobernanza? Muchas.

Pero no sé si tenemos tiempo. Dudo ya que tengamos el espacio para hacerlo.

Los halcones del “déficit” educativo ya están tratando de apropiarse de la crisis generada por la resistencia a medidas que simulan procesos de calidad sin que presenten soluciones de reforma educativa coherentes, presentándola como un ejemplo práctico de los peligros de una oposición activa en la vida política nacional y en los espacios de debate públicos.

Sin embargo, lo que la crisis generada por el rechazo a la pseudo reforma realmente demuestra es lo peligroso que es ponerse uno mismo una camisa de fuerza política.

Cuando se unieron a la narrativa oficial, los “comunicadores” y los medios de comunicación (consciente o inconscientemente), crearon un ambiente tóxico en que los ciudadanos de diversos cuadrantes y estratos socio-económicos dejaron de poder respirar “críticamente” y se negaron a sí mismos la posibilidad de hacer algunas cosas “malas·, como colocar demasiadas cuestiones sobre la “simulación de la calidad” educativa; pero también se privaron de la capacidad de responder con flexibilidad ante los acontecimientos.

Y cuando la crisis golpea, los gobiernos dejaron de ser capaces de actuar de forma propositiva, porque quedaron con un único instrumento: el de la represión.

Eso es lo que olvidaron los arquitectos de la pseudo-reforma educativa, y lo que el resto de nosotros tenemos que recordar. Para no caer en la aceptación ciega de las bondades de la pseudo reforma o sea en las trampas de la simulación de la calidad educativa.