Tres retos para los católicos en Estados Unidos / Jorge E. Traslosheros

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El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, articulista del diario La Razón

El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, artículista del diario La Razón

Como es fácil darse cuenta, ninguno de los candidatos empataba con la agenda de la Iglesia. Al final, el voto se decantó por Trump, no por asuntos moralistas, sino por algo más sencillo. Un ambiente de libertad religiosa y dignificación de la vida genera mejores condiciones para dar batalla por los demás tópicos.

Ciudad de México, 21 de noviembre de 2016.- Las elecciones han dejado tres retos a los católicos de Estados Unidos, los cuales no podrán evadir, porque en ello se juegan su credibilidad como Iglesia.

Para entender estos retos es importante partir de dos hechos: ninguno de los candidatos era una buena opción para los católicos y; mucho antes de las elecciones la sociedad norteamericana estaba herida, lastimada y dividida, sólo que la contienda hizo más profundas sus heridas.

Primer reto: la acción profética. Durante el proceso electoral, en notable sintonía con el Papa Francisco, distintas voces de la catolicidad articularon una agenda de prioridades, con la finalidad de emitir un voto razonado y preparar las tareas venideras, con independencia de quién ganase. La podemos resumir en ocho puntos: la defensa de la vida y dignidad de la persona en todo momento; la batalla contra el colonialismo cultural que pretende desnaturalizar el matrimonio y la familia; las persecuciones contra cristianos y otras minorías en el mundo; la defensa de la libertad religiosa en Estados Unidos; la defensa de migrantes y refugiados; la protección del medio ambiente; la denuncia de una economía que lastima a las familias y es incapaz de otorgar trabajos dignos y; la expansión de la guerra, el tráfico humano, el comercio de armas y el terrorismo. Ninguno de estos elementos es renunciable e implican un compromiso pastoral de fondo, es decir, acciones proféticas.

Como es fácil darse cuenta, ninguno de los candidatos empataba con la agenda de la Iglesia. Al final, el voto se decantó por Trump, no por asuntos moralistas, sino por algo más sencillo. Un ambiente de libertad religiosa y dignificación de la vida genera mejores condiciones para dar batalla por los demás tópicos. No es que el empresario fuera una buena opción, sino que Clinton garantizaba un estado creciente de persecución, en continuidad con Obama. Durante las campañas se repitió una frase en los medios católicos: “Trump podrá ser impredeciblemente peligroso; pero Clinton es peligrosamente predecible”.

La relación con Trump no será sencilla, empezando por el muy delicado problema de los migrantes. Sin embargo, en el particular, hay un hecho que llama la atención. La Iglesia tiene la red de apoyo a migrantes y refugiados más importante de Estados Unidos. Obama dio muestras de poco sentido común al retirarle los fondos federales, porque los católicos se negaron a promover el aborto. Trump, por su parte, comprendió la importancia del voto católico, sabe del componente hispano de la Iglesia, se ha declarado a favor de la libertad religiosa y poco amigo de la promoción del aborto. El pragmatismo del empresario tiene sus ventajas.

Segundo reto: el diálogo. La sociedad norteamericana está profundamente dividida. Hay razones de fondo, más allá de ideologías, como el desempleo, la falta de oportunidades y la pedantería de la clase política. Trump lo sabía, sacó raja y tendrá que lidiar con el tigre si quiere gobernar. Clinton, en declaración poselectoral, se dijo sorprendida por la división existente en la sociedad, confesión de ignorancia que explica, en mucho, porqué perdió.

Semanas antes de finalizar el proceso electoral, diversas voces de la catolicidad norteamericana llamaron a provocar un cambio a favor de la cultura del encuentro. Hoy, los católicos, por vocación, deberán emprender tan ingente tarea y hacerlo empezando por lo pequeño y sencillo a través de su importante red de parroquias, colegios, universidades, movimientos, etc. Como el buen ejemplo se contagia, otros grupos podrían sumarse. La tarea requiere de paciencia y años.

Tercer reto: la unidad. Para que la cosecha sea abundante, será necesario que, en el camino, los católicos de Estados Unidos superen la más difícil de sus pruebas, como es aprender a trabajar juntos, como Iglesia. La ideologización de la fe les ha perjudicado al grado de confundir la doctrina social con las plataformas políticas, demócratas o republicanas, dañando su capacidad crítica. Sin embargo, el encono electoral ha mostrado lo absurdo de este infantilismo de la fe. La realidad es más fuerte que la ideología.

Estoy convencido de que mis hermanos allende el río Bravo darán un testimonio ejemplar como Iglesia y, con ello, harán un bien inmenso a su sociedad. La suerte está echada y no hay marcha atrás. Es buen momento para recordar las palabras de Dorothy Day, mujer admirada por el Papa, luchadora incansable por los derechos de los trabajadores y ahora en proceso de beatificación: “la caridad quemará todos los pecados y los odios que nos entristecen”.

jtraslos@unam.mx

Twitter: @jtraslos