Zapata / Teodoro Barajas Rodríguez

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El autor es Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

El autor es Maestro en Gobierno y Asuntos Públicos, así como candidato a Doctor en Ciencias Políticas

Emiliano Zapata está en la memoria, más allá de los partidos que casi le reclaman como uno de los suyos, se trata de una figura mítica. Zapata representa el contenido más preclaro de la revolución

Morelia, Michoacán, 10 de abril de 2017.- De Anenecuilco a Chinameca se trazó una historia, una vida que habría de aportar un indiscutible contenido social a la revolución de 1910, acaso el hombre más auténtico de aquellos episodios llenos de balas e incertidumbre, nos referimos a Emiliano Zapata.

La historia mexicana durante décadas se fincó en modelos positivistas, se exaltó a buenos contra malos en medio de un sofocante maniqueísmo que no resiste un análisis crítico, porque no todo es blanco y negro, también hay grises. Justo medio diría Aristóteles.

Nuestro país es de símbolos y dogmas, verdades reveladas a la luz de la ideología de quienes han escrito la historia. Una capítulo trascendente fue la revolución de 1910, cuyos motivos resultan en muchos casos indiscutibles porque se vivía una dictadura, un régimen avejentado reflejaba sus fisuras, el desgaste que produce el ejercicio del poder con todo y esa rara corte de científicos.

Porfirio Díaz exigió sufragio efectivo no reelección, paradójicamente esa bandera fue izada por  Francisco I. Madero para destronar al antiguo héroe de la república restaurada al lado de Benito Juárez.

En contra de la dictadura de Porfirio Díaz Mori se manifestó el Partido Liberal en su manifiesto de 1906, a esa organización la encabezaban los hermanos Flores Magón quienes tuvieron como abrevadero ideológico al anarquismo y que nunca han sido lo suficientemente valorados.

Porfirio Díaz, hombre de luces y sombras, prefirió renunciar a la presidencia para evitar un baño de sangre, lo que sucedió después es que no sólo hubo un chapuzón sino un cruel derramamiento hemático por doquier, llega a la primera magistratura un novato de la política y aficionado al espiritismo, Francisco I. Madero.

Posteriormente vino la decena trágica, el Chacal Victoriano Huerta usurpa el poder, más sangre con superlativas contradicciones.

En esa época cruenta de México destacó un hombre con motivos naturales como los surcos de la tierra, un campesino que representaba los ideales añosos de muchos que carecían de justicia, Emiliano Zapata.

Tierra y libertad exigía Zapata, el líder nacido en Anenecuilco para morir en Chinameca, las proclamas del caudillo del sur tienen una evidente influencia anarquista de los hermanos Flores Magón.

A diferencia de muchos líderes que son simuladores y embaucadores con una tarifa definida para venderse al mejor postor gubernamental, Emiliano Zapata no aceptó los sobornos ofrecidos por Francisco I. Madero, sufrió un desengaño al percatarse la falta de palabra del mandatario surgido de la revolución.

Quién lo diría, Francisco Villa y Emiliano Zapata fueron un binomio que brindó continente a la gesta revolucionaria, ambos tuvieron mayor conciencia social que muchos de los letrados de aquellos años difíciles y mucha más que la gran cantidad de tecnócratas que contribuyen al empobrecimiento además de presumirse apátridas porque su acendrado neoliberalismo les vuelve ignorantes de la historia.

En la memoria colectiva tiene un sitial el revolucionario oriundo del estado de Morelos, el que proclama el Plan de Ayala, el que pactó coyunturalmente con Pancho Villa, el mismo que fue acribillado en Chinameca un 10 de abril de 1919 al sufrir una traición maquinada por el propio presidente Venustiano Carranza en los años teñidos de sangre en un país que no terminaba de morir ni de nacer. Zapata exigió tierra para quienes la trabajaban, para los hombres del campo, entonces se impulsaron las políticas agrarias, las que Lázaro Cárdenas llevaría a la praxis algunos años más adelante.

Emiliano Zapata está en la memoria, más allá de los partidos que casi le reclaman como uno de los suyos, se trata de una figura mítica. Zapata representa el contenido más preclaro de la revolución.