Cartelera Retrospectiva: Trainspotting 2

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No es un filme totalmente despreciable, pero aun así se siente como una oportunidad perdida entre su desenlace previsible y su desgastante tono autorreferencial

No es un filme totalmente despreciable, pero aún así se siente como una oportunidad perdida entre su desenlace previsible y su desgastante tono autorreferencial

La película tuvo su presentación mundial desde enero, sin embargo, solamente en el Reino Unido tuvo un éxito importante, por lo que no es de extrañar que la distribuidora Sony Pictures haya optado por un estreno limitado para Latinoamérica

Morelia, Michoacán, 09 de abril de 2017.- Hace veinte años que Danny Boyle sacudió las pantallas de cine con Trainspotting (1996), cinta que retrata con desparpajo el desencanto de toda una generación previa a las redes sociales. Después de dos décadas, el cineasta británico retoma la historia en Trainspotting 2 (2017), apelando al elenco original para dar a conocer lo que ha sido de los personajes ahora que son todos adultos sin grandes aspiraciones. La película tuvo su presentación mundial desde enero, sin embargo, solamente en el Reino Unido tuvo un éxito importante, por lo que no es de extrañar que la distribuidora Sony Pictures haya optado por un estreno limitado para Latinoamérica.

“Porno”, la secuela literaria de “Trainspotting” (que fue publicada por primera vez en 1993), estuvo lista desde el año 2002 (ambas están editadas en español por Anagrama), aunque la segunda versión cinematográfica tuvo que esperar varios años más por diversas circunstancias. De cualquier forma, el guión escrito por John Hodge para Trainspotting 2 (quien dicho sea de paso, lo hizo también para la primera versión), toma muy poco de las novelas de Irvine Welsh para convertirse más bien en una historia que se desarrolla de manera independiente a lo planteado por el escritor escocés.

La cinta inicia con un recorrido por la vida actual de los personajes en el Edimburgo actual: Begbie sigue en prisión, Mark acaba de regresar de Holanda, Spud sigue enganchado con las drogas mientras que Simon intenta sobrevivir en el mundo del proxenetismo y la estafa acompañado por Veronika, una inmigrante búlgara. La capital escocesa ha sufrido una transformación importante desde que Welsh describiera sus altos niveles de desempleo y drogadicción, ahora es un importante centro cultural, la segunda ciudad más visitada del Reino Unido solo detrás de Londres y un destino atractivo para una buena cantidad de inmigrantes procedentes de Europa del Este, todo ello es reflejado con sutileza en el filme, reflejando la actualidad que enfrentan los personajes.

El famoso monólogo de inicio de la primera entrega también se actualiza, explicando la irónica referencia a “Choose life”, lema de una campaña antidrogas de los años ochenta (según refiere el propio Renton en el filme), ahora son las redes sociales, los trabajos miserables, los reality shows y las drogas sintéticas, las opciones a elegir en una especie de discurso que cuestiona las mentiras del irrealizable sueño capitalista.

Aunque la cinta cuenta con el aspecto visual característico del director mancuniano, es notorio que baja el ritmo con respecto a su predecesora, tiene una duración mayor y podría considerarse como un atisbo a una versión entrada en años, aunque no por ello más madura de sus personajes, quienes siguen atascados en la melancolía y una amistad poco fructífera. La selección musical, tan característica del cine de Boyle, es atractiva aunque no tan memorable como la de la primera entrega.

¿Era necesaria una segunda parte de Trainspotting? Tal vez, si no hubieran pasado veinte años y tomara como base el contenido de “Porno”, que incluye nuevos personajes y un eje narrativo distinto a la nostalgia que abruma a esta nueva versión. Y es que T2 no funciona como un ente independiente, apela demasiado al aspecto emocional de los espectadores de los noventa por lo que tal vez no conecte con las nuevas generaciones. No es un filme totalmente despreciable, pero aun así se siente como una oportunidad perdida entre su desenlace previsible y su desgastante tono autorreferencial.