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Ágora: La derrota de Morena

El tiempo nos dirá si lo de Morena en Coahuila e Hidalgo fue un simple tropiezo coyuntural o el principio del fin de un romance que inició cuando López Obrador andaba en campaña, pero ahora, más que nunca, la moneda está en el aire

Morelia, Michoacán, 24 de octubre de 2020.- El triunfo del PRI en Coahuila e Hidalgo, conjugado con la derrota de Morena, perfila un escenario político inédito en el país. Más allá de que se diga que los resultados electorales fueron consecuencia de la reedición de las viejas prácticas del clientelismo electoral por parte del tricolor, lo cierto es que se trata, también, de un severo revés para el partido morado y, por ende, una descalificación al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Morena dejó de ser un poder hegemónico y, por lo mismo, perdió valor esa idea según la cual cualquier candidato que abandere los colores de ese partido puede ser un ganador de facto. Cierto, estos resultados no nos indican que Morena haya perdido su base militante o que haya entrado en fase terminal, pero tampoco se pueden minimizar o pasar por alto.

Las causas de la derrota de Morena pueden ser muchas, pero, en esencia, se trata de un rechazo ciudadano a la manera en que el mandatario federal ha conducido los destinos de este país, más enfocado en privilegiar asuntos mediáticos que en resolver los graves problemas coyunturales, entre ellos la pandemia del COVID-19 y lo que ha traído consigo, contracción económica y desempleo.

Tiene que ver también con el desencanto que muchos ciudadanos empiezan a manifestar hacia López Obrador, al que no ven como un estadista a la altura de lo que demanda el país, sino como el jefe de un grupo en el que no tienen cabida todos los mexicanos. Esto también obedece a la crisis por la que atraviesa Morena, un partido que se ha mostrado desunido y falto de disciplina, que depende más de liderazgos personales que de una visión de conjunto.

Obviamente, el resultado electoral en los dos estados tendrá también una consecuencia directa en lo que pase en Michoacán, donde si bien el presidente sigue teniendo simpatías, hoy las cosas pueden empezar a cambiar. Si a nivel nacional Morena se ha mostrado como un partido vulnerable, falto de disciplina y de control, que ha repetido los vicios que tanto ha criticado en otros institutos, en el estado se repiten los mismos patrones, con el agravante de que la lucha por las candidaturas es una amenaza seria para su propia viabilidad.

De todo lo anterior se puede sacar una conclusión clara: el partido del presidente ha demostrado que no es un rival invencible y que el desgaste del poder ha tenido serias consecuencias, entre ellas que hoy mismo dar por hecho triunfos que no se han conquistado es un error que puede salir caro.

El tiempo nos dirá si lo de Morena en Coahuila e Hidalgo fue un simple tropiezo coyuntural o el principio del fin de un romance que inició cuando López Obrador andaba en campaña, pero ahora, más que nunca, la moneda está en el aire.

jmochoa4@hotmail.com

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