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Ágora: La encrucijada de Morena en Michoacán

Más allá de que ni Arias ni Morón son candidatos idóneos, lo cierto es que Morena no ha sabido hilar fino para tejer una candidatura propositiva, que satisfaga las necesidades de todos los grupos

Morelia, Michoacán, 30 de diciembre de 2020.- La designación del candidato a la gubernatura de Michoacán se le enredó a Morena. Los madruguetes que, cada uno con su gente, lanzaron los aspirantes Cristóbal Arias y Raúl Morón, sólo sirvieron para revelar una realidad que ya todos conocíamos: la confusión que priva en ese partido, tanto en el ámbito nacional como estatal.

Tan enredadas están las cosas que se empieza a perfilar el nombramiento de un nuevo contendiente, que podría ser una mujer o algún integrante de la sociedad civil. Es decir, una figura que ayude a refrescar el caldeado ambiente que se nota en ese instituto.

Más allá de que ni Arias ni Morón son candidatos idóneos, lo cierto es que Morena no ha sabido hilar fino para tejer una candidatura propositiva, que satisfaga las necesidades de todos los grupos.

Esto se debe, en gran parte, a que Morena carece de una militancia sólida, pues quienes lo integran sólo están ahí por el reparto de puestos y no porque verdaderamente tengan un compromiso con el ideario de ese partido, si es que tiene alguno.

Si hace todavía unos meses se podía decir que Morena tenía la gubernatura prácticamente en el bolsillo (algo que todavía se dice) hoy las cosas ya no están tan seguras y eso se debe, en gran medida, a la falta de decisión de la dirigencia nacional y al comportamiento de sus diferentes aspirantes.

Podemos decir, en este sentido, que tanto Arias como Morón se han encargado de debilitar aún más el peso de Morena, pues con sus actitudes han propiciado una cierta desilusión entre los mismos simpatizantes.

La guerra sucia que han emprendido los dos nos ha mostrado aspirantes poco idóneos para buscar el voto popular, con carrereas públicas en entredicho, Arias por la señal de fracaso que ha representado casi toda su vida política, Morón por la grisura con que ha encarnado la mayoría de sus cargos, amén de la imagen de violencia que lo persigue desde que se hizo líder del magisterio democrático.

Hoy Morena está en una encrucijada: o calma los ánimos de sus aspirantes y lleva las negociaciones por la vía institucional o deja que ese partido termine por ser canibalizado por la inmensa cantidad de gente que aspira a un hueso presupuestal.

No parece fácil ninguna de las dos medidas: en cada una de ellas habrá ganadores y perdedores y ya se sabe que estos últimos no son fáciles de tratar, menos en un partido en el que solo se entra para ganar al amparo de la sombra del presidente.

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