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Cartelera Retrospectiva: No me ames

Una pareja adinerada, ansiosa de tener un hijo, llega a un acuerdo con una joven, aparentemente inmigrante, para servir como vientre de alquiler. Pero como bien apunta la chica en una de las escenas: “nadie hace nada de manera gratuita”

Morelia, Michoacán, 27 de julio de 2019.- Alexandros Avranas forma parte de una generación de cineastas griegos que en la última década han podido mostrar su trabajo fuera del ámbito local. Ganador del León de Plata en Venecia con el desgarrador drama familiar Miss violence (2013), Avranas decidió incursionar en el cine angloparlante con el thriller Crímenes oscuros (Dark crimes, 2016), protagonizado por Jim Carrey y Charlotte Gainsbourg, un filme ninguneado por la prensa que tuvo una escasa distribución comercial. 

Después de tan sonado fracaso, el director decidió volver a su terruño para darle forma al que hasta ahora es su más reciente producción: No me ames (Love me not, 2017), la cual se estrenó en la sección oficial del Festival de Cine de San Sebastián desatando opiniones encontradas entre los periodistas que cubren el certamen. 

Una nota periodística del año 2011 fue el punto de partida que utilizó Avranas para coescribir el guión de No me ames. Una pareja adinerada, ansiosa de tener un hijo, llega a un acuerdo con una joven, aparentemente inmigrante, para servir como vientre de alquiler. Convenciéndola de que es lo mejor, la invitan a vivir con ellos a su lujosa residencia durante el tiempo que requiera el procedimiento. Pero como bien apunta la chica en una de las escenas: “nadie hace nada de manera gratuita”. Pronto la historia tomará una serie de giros insospechados hasta desembocar en un final contundente.

Para ponernos en contexto es necesario recordar la crisis económica que afectó a Grecia desde el año 2011. La progresiva disminución de la calidad de vida de los griegos se tradujo en un aumento de la violencia y la corrupción. En pocas palabras, la debacle financiera del país en muy poco tiempo se transformó en una desbordante crisis moral que favoreció un comportamiento cada vez más individualista, un brutal “sálvese quien pueda” en un país de más de once millones de habitantes. 

Es en ese entorno en el cual se desenvuelven los personajes. Son fríos y egoístas. Sus necesidades son más importantes que las vidas y aspiraciones de los demás. Las relaciones de poder están determinadas por el dinero, la fuerza física y el control de la información. La ambición parece ser el motor que los mueve: hacer efectivo un seguro de vida, solicitar dinero a cambio de su cuerpo o en última instancia, la extorsión descarada. Pero lo que buscan realmente es imponerse a los demás, utilizando para ello la violencia característica en la filmografía del cineasta, un sadismo de tintes fetichistas que para algunos resulta terrible e innecesario. 

Puede gustar o no la forma en como Avranas presenta a sus personajes, pero es innegable la elegancia de sus encuadres: planos cortos seguidos de planos secuencia, particularmente violentos en el último tramo de la cinta. A pesar de las críticas, es claro que hay algo más ahí que simple violencia gratuita. El principal riesgo del filme es más bien su concepción a partir de una mezcla de géneros, comienza como un drama social que se transforma en thriller y casi se convierte en una película de terror. El mérito del cineasta consiste en hacer una transición efectiva entre cada segmento del filme. 

No es ésta una película sobre la violencia de género ni sobre la maternidad subrogada. Es más bien un filme sobre el individualismo rampante como principal consecuencia de la decadencia económica y social. Sus protagonistas no tienen nombre, sus expresiones son acartonadas incluso en los momentos en que el principal personaje femenino baila grotescamente mientras espera inútilmente el rescate de su compañero. No me ames, dice el título y efectivamente, nadie lo hace.  

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