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De Primera Mano… ¿Sin bolsas…?; ¡sin propinas!

Ningún legislador o gobernante reparó en el hecho de que además de perjudicar a los fabricantes de bolsas se afectaron severamente los ingresos de los “cerillos”, que en muchos centros comerciales son adultos mayores

Morelia, Michoacán, 20 de febrero de 2020.- ¿Sin bolsas…?; ¡sin propinas!

Esa es una de las consecuencias de la prohibición de las bolsas de plástico «de un solo uso» en prácticamente todo el país, en este caso en perjuicio de los “cerillos”, empacadores que en muchos centros comerciales son adultos mayores.

Todo parece indicar que en aras de seguir las modas y la agenda dictada por la ONU, ningún diputado, senador, ecologista o gobernante reparó en las consecuencias de sus decisiones.

Y es que no sólo han perjudicado a los fabricantes de productos de plástico y bolsas, sino que afectaron severamente a quienes se desempeñan como “cerillos”.

Antes, estos trabajadores «voluntarios» -que no reciben un salario formal en casi el 100% de los casos- ponían en bolsas de plástico todos los productos que los clientes compraban y, a cambio, era prácticamente obligada una pequeña propina.

Ahora, varios de los “cerillos” se quejan continuamente de que la prohibición de dar bolsas de plástico en los centros comerciales los ha afectado en sus ya de por sí escasos recursos, pues sin bolsas los compradores no sienten obligación alguna de apoyarlos.

Por ello, en algunos centros comerciales de la Ciudad de México los empacadores llevan sus propias bolsas de plástico «de un solo uso», con el fin de apoyar a los compradores y obtener su consabida propina.

Por su parte, los clientes se ven obligados a llevar sus compras en la mano, en cajas de cartón o, de plano, a engordarle el caldo a los mismos centros comerciales que les venden bolsas “ecológicas” o reutilizables en precios que varían entre 1 y los 20 pesos, incluso más en algunos casos.

Tremenda dificultad para quienes traen un presupuesto ajustado, pasaron por el lugar por casualidad -y encontraron una oferta sorpresiva- y para quienes no traen auto para echar sus paquetes en la cajuela.

Muchas de las bolsas que entregaban los “cerillos” en los centros comerciales desde hace por lo menos 8 años eran biodegradables; y, las bolsas más gruesas que se entregaban en otros comercios tenían en gran proporción por lo menos un segundo uso.

Algunos productores de plástico afirman que en las grandes ciudades entre el 90 y el 95% de los plásticos son reciclados. Entonces, ¿cuál es el beneficio real de la medida?

Me parece que progresivamente los promotores de la nueva doctrina cuasi religiosa del “ecologismo” están enviándonos pruebas para ver qué tan manipulables somos como sociedad.

La prohibición de las bolsas de plástico es una tomadura de pelo, igual que la eliminación de los popotes.

Lo mismo pretenden hacer al ahorcar vialidades en ciudades como Morelia, por ejemplo, y generar mayor contaminación ambiental, porque supuestamente así fomentan el uso de la bicicleta.

De ese estilo vienen muchas más propuestas e iniciativas.

¡No seamos borregos!, ¡no nos dejemos engañar! Detrás de esos temas que parecen tan inocentes, hay fines mucho muy perversos.

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