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“El camino de Sol”, de Claudia Sainte-Luce, se estrenó en el 19 FICM

Sol, una divorciada, busca al padre de su hijo para recordarle el pago de la pensión alimenticia. Mientras discuten sobre el tema, Cristian, el menor en cuestión, es secuestrado por sujetos desconocidos.

Morelia, Michoacán, 30 de octubre de 2021.- Con El camino de Sol (2021), Claudia Sainte-Luce vuelve a la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El tercer largometraje de la cineasta nacida en Veracruz tuvo su estreno formal en la capital michoacana. Recordemos que previamente Los insólitos peces gato (2013) y La caja vacía (2016) formaron parte de la programación del festival moreliano en donde compitieron por el Ojo, el premio más importante que otorga el certamen.  

Se puede reconocer en Sainte-Luce la búsqueda de distintas aproximaciones a personajes femeninos. En su primera película registra la integración gradual de una mujer adulta a la familia de una moribunda. Mientras que en su siguiente trabajo sigue los pasos de una mujer que debe lidiar con la pérdida de memoria de su padre, con quien nunca tuvo una relación muy cercana. En esta ocasión nos muestra el caso de Sol, una divorciada que busca al padre de su hijo para recordarle el pago de la pensión alimenticia. Mientras discuten sobre el tema, Cristian, el menor en cuestión, es secuestrado por sujetos desconocidos. A partir de ahí comienza un camino de pesadumbre para los padres, en donde Sol se lleva la peor parte. 

Una aproximación común al tema sería la búsqueda del menor como punto central de la historia. Sin embargo, conforme avanza el metraje nos damos cuenta que el guión escrito por la propia directora se centra gradualmente en la madre y en mostrar la manera en que la tragedia va minando su salud física y emocional. 

La primera parte, como era de esperarse, muestra las manías criminales de la mal llamada justicia mexicana. La larga espera para poder presentar una denuncia, la insolencia de los funcionarios y para colmo, la habitual solicitud de sobornos “para agilizar la búsqueda” o cuando menos “conseguir las imágenes de las cámaras de vigilancia”. Por si lo anterior no fuera suficiente para alterar los nervios de la protagonista, está el comportamiento pasivo de su expareja, así como los comentarios insensibles que recibe en su trabajo como recepcionista de un consultorio ginecológico. La distribución de carteles en donde solicita información para recuperar a su hijo, resulta contraproducente cuando unos extorsionadores se valen de su desesperación para exigirle dinero, aunque resulta evidente que no tienen a Cristian. 

Conforme avanza el metraje, el rostro cada vez más desencajado de Sol nos anuncia su predisposición a los extremos: primero acude con un grupo de “sanadores” que no la ayudan en nada y después empieza a secuestrar perros de gente adinerada para cobrar recompensas. Su obsesión de conseguir dinero para el pago de un rescate la lleva no solo a perder su trabajo, sino a ser acusada penalmente y pasar un buen rato internada en un hospital psiquiátrico. 

El viaje de Sol es una caída en picado a la desesperación y la locura. Después de todo, ¿cómo podría soportar alguien algo así? En poco más de una hora la historia pasa del desbordamiento afectivo al deterioro total. Aunque la mayor parte de los secundarios son apenas anecdóticos o poco creíbles, el objetivo central de Sainte-Luce es seguir de cerca el deterioro de su personaje principal. Cuando no hay escapatoria la evasión es la única forma de lidiar con la vida, mirando por la ventana mientras los autos pasan sin cesar. 

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