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El Che, retrato de un stalinista (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

Si hubiese logrado realizar su proyecto, hubiera generado uno de los regímenes totalitarios más intolerantes del planeta

Fusilamientos, sí, hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario

Ernesto Che Guevara, ONU, 11-XII-64

Morelia, Michoacán, 27 de septiembre de 2022.- Llega octubre y con él un aniversario más de un mito cuidadosamente alimentado, amparado y promocionado por una maquinaria de publicidad que conoce y aprovecha el intenso deseo de creer (y de odiar) de un segmento de creyentes en una utopía, que más bien deberíamos llamar entelequia.

El 9 de octubre se cumplirán 55 años de su muerte y la figura de Ernesto el Che Guevara sigue siendo fuente de quimeras y fantasías. Y la mayor paradoja de la vigencia de un entusiasmo tan persistente, es que se trata de una figura que en su corta vida pública, escasos diez años, acumuló más fracasos que triunfos. La otra cara de la paradoja es que si hubiese logrado realizar su proyecto, hubiera generado uno de los regímenes totalitarios más intolerantes del planeta.

Algo digno de estudio en la mitología del Che es en realidad una contradicción; lo que parece concitar la admiración por este personaje es su condición de perdedor. Perdió ante los economistas en su intento de imponer un sistema de producción destinado al surgimiento de lo que él, en su imaginario, llamaba “El hombre nuevo”; ocasionando de paso el desastre económico cubano. En lo político, su lucha para el surgimiento de una sociedad ideal, se estrelló contra la realidad que imponen las normas culturales, producto de siglos de historia. Y por último, en lo militar el desenlace patético en el Congo, y el no menos dramático en Bolivia, expedición destinada al fracaso desde su misma concepción, mostraron sus limitaciones.

La otra paradoja es la sincera admiración que despierta en individuos de escasa cultura y pobre intelecto el dogmatismo de su postura ideológica. Estos admiradores ignoran o quieren ignorar que el actuar político de Ernesto Guevara se apoyaba en un dogmatismo inflexible que de haberse convertido en poder, hubiesen sido ellos sus primeras víctimas. No se debe olvidar que el primer campo de trabajo de “reeducación” que se abrió después de la revolución, destinados a aquellos que faltasen a la “moral revolucionaria”, fue iniciativa del Che. Su personalidad intransigente lo acercaba más al estilo de un Savonarola que al de un líder preocupado por su pueblo.

No son pues ni los triunfos ni su idea de sociedad lo que mantiene la vigencia de esa figura. Es más bien la orfandad ideológica del mundo de hoy, donde abunda la mentira y triunfa la corrupción, la que conduce al culto al hombre que marcó una época por haber sido consecuente hasta la muerte con sus ideas. Ante la carencia actual de figuras en donde apoyar la necesidad arcaica de los hombres de contar con un guía con quien identificarse o un redentor que les marque un camino, la figura del Che Guevara aparece como un referente, un ideal, un ejemplo a seguir.

Si bien estudió Medicina, optó por ser un hombre de acción, y acorde con su personalidad se adjudicó el papel de redentor y héroe, y como es propio al oficio de héroe, arrogándose el derecho de matar en aras de la salvación de otros hombres.

El Che realmente disfrutaba de los combates, es una faceta de su personalidad ampliamente documentada en diferentes biografías. “Cuando tenía en la mira del fusil a un soldado, disparaba sin remordimiento porque sabía que así estaba contribuyendo a luchar contra la represión”, dice a manera de explicación de esa tendencia que nunca disimuló porque sencillamente era incapaz de disimular. Por cierto, no era raro que ejecutara él mismo a los prisioneros.

Ernesto Guevara era un individuo audaz, disciplinado e inteligente pero sin la creatividad de un verdadero conductor como Fidel Castro. A esto se suma un carácter despótico y una absoluta intolerancia hacia sus adversarios ideológicos. No tenía, su fracaso en el Congo lo indica, y el desastre en Bolivia lo confirma, capacidad para el primer mando, fue un excelente teniente, pero nunca un capitán

Curiosamente el Che Guevara, que tanto luchó para destruir el capitalismo, se ha convertido ahora en una marca capitalista. Su imagen adorna desde jarros de café, encendedores Zippo, llaveros, billeteras, gorras, sombreros, pañuelos, bolsos, jeans, y, por supuesto camisetas con la foto, tomada por Alberto Korda, y que aún es, 55 años después de su muerte, el logo del revolucionario «in».

Esos son los datos escuetos, verificables; desprovistos del oropel de una historia de bronce. Claro que si alguien no le agrada no hay problema; puede leer la almibarada y fantasiosa historiografía oficial cubana, los cuentos de Rius y documentarse en La Jornada. En ese universo alterno será feliz.

Alejandro Vázquez Cárdenas

La estupidez humana (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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