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El Evangelio Hoy: Emanuel, Dios entra en la historia

En las casas cerradas y repletas de ruidos y bienes materiales Dios no puede entrar. Ábrete a Dios, llénate de él y nacerá en ti.

Morelia, Michoacán, 22 de diciembre de 2019.- En tu vida. Muchos católicos viven sin Dios, reducido a una imagen o estatua. Están llenos de negocios y bienes mundanos.

Las fiestas de Navidad son ruido y consumo, placer y diversión sin Dios. Por eso tanto vacío y pecado.

Dios habla. Dios está presente en la historia siempre pero como una fuerza, una lógica, una presencia misteriosa, como una realidad de fe.

A lo largo de la historia de la salvación, el prepara una venida muy especial en la condición humana. Sin dejar de ser Dios se hace una criatura, uno como tú, espíritu encarnado en un cuerpo.

A lo largo del caminar del pueblo de Dios, Israel, Dios padre bueno prepara su teofanía, su gran manifestación, cuando la Palabra de Dios, el Verbo de San Juan, se hace uno como nosotros y se viene a recorrer nuestros caminos , a compartir nuestras luchas, dolores y esperanzas.

El gran acontecimiento se va precisando, los profetas en visión, lo contemplan. Así el gran profeta Isaías anuncia, como lo escuchamos en la primera lectura: “he aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros”.

Como a Pablo, a mí también “me concedió la gracia del apostolado a fin de llevar a los paganos a la aceptación de la fe”.

Es mi tarea invitar a ustedes a convertirse, a dejar vida centrada en los bienes y placeres del mundo, dándole a Dios una migaja, las sobras. Hay que dar un giro de 180°, poner a Dios en el centro, entender sus mandamientos y ponerlos en práctica. Dejarlo entrar en tu vida, llenarla y transformarla, entonces tendrás la experiencia divina del amor, la felicidad en la fiesta más grande. Navidad es llenarse de Dios.

Hay que despojarse de las seducciones mundanas, hay que sacudirse la tiranía de la Fiera del cuerpo que quiere placeres bajos, desenfrenados, hay que tirar el ídolo de tu yo, necio, caprichoso, insoportable, quitarlo del centro, y volver a Dios, que llene toda nuestra vida como la única realidad, el único bien.

Así podremos escuchar, entender, disfrutar la Buena Noticia: llegó el momento tan ansiado, sublime, Dios deja su condición divina y toma la forma de hombre, se mete en la piel de nuestra historia, viene a compartir la experiencia humana, en todo semejante a nosotros menos en el pecado.

Es el momento supremo, el espíritu Santo interviene con su poder y fecunda el óvulo santísimo, el hijo de Dios empieza vivir en el vientre de la Virgen madre, como todos los niños que son engendrados por sus padres, también aquellos que son asesinados antes de cumplir tres semanas.

La Virgen Madre “dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará al pueblo de sus pecados”. La Palabra de Dios, que es eficaz, no como la palabra embustera de los hombres, realiza al instante el portento. Es el momento central de la historia, Cristo vive a la pobre morada de la tierra.

Abre tu ser a Dios, para que te llene y te permita entrar en el misterio divino de su Natividad.

Vive intensamente. Transforma tu fiesta de Navidad, saca los bienes engañosos y llénate totalmente de Dios.

Cristo está aquí. Aparece en las almas vigilantes. Viene en la comunión de su cuerpo y su sangre.

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