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“El paraíso de la serpiente” abrió el último día de competencia en el FICM

El relato comienza cuando un abuelo y su hijo se topan con un extraño accidente automovilístico en una desolada carretera. Deciden rescatar al único sobreviviente, un anciano misterioso quien parece afectado por algún tipo de amnesia. Justo cuando deciden abandonarlo en el desierto, el extraño hombre realiza una serie de milagros.

Morelia, Michoacán, 24 de octubre de 2019.- La sección de largometrajes mexicanos del FICM terminó su tanda de presentaciones la tarde del miércoles. El paraíso de la serpiente (2019), abrió una jornada doble que despertó sentimientos encontrados. Éste es el tercer largometraje que escribe y dirige el capitalino Bernardo Arellano. Entre la noche y el día (2011), fue su ópera prima, pero fue El comienzo del tiempo (2014), la obra que lo llevó a algunos festivales internacionales, de hecho, fue presentada en Morelia hace algunos años.

El relato comienza cuando un abuelo y su hijo se topan con un extraño accidente automovilístico en una desolada carretera. Después de tomar sus pertenencias, deciden rescatar al único sobreviviente, un anciano misterioso quien parece afectado por algún tipo de amnesia. Justo cuando deciden abandonarlo en el desierto, el extraño hombre realiza una serie de milagros entre los habitantes del lugar, por lo que en muy poco tiempo es conocido como “el profeta”. Su presencia no es bien vista por el párroco local, quien comenzará una campaña para expulsarlo del pueblo. 

Ciertamente la película de Bernardo Arellano se ubica en el terreno de lo fantástico. Aunque hay una clara secuencia de ideas, es evidente que muchas de las situaciones carecen de explicación incluso dentro del marco ilusorio en que nos sitúa el director. Los milagros del profeta incluyen a un niño minusválido que vuelve a hacer uso de sus piernas y un anciano ciego que recupera la vista, pero también se derivan hacia terrenos más ordinarios, como hacer que un gallo resulte vencedor en una pelea. 

El profeta no sigue ninguna religión, aplica a cada caso una solución distinta acompañándola de una serie de aforismos que invitan a la paz y a la aceptación. Esta libertad espiritual choca abiertamente con la rigidez de la iglesia local. El director nos plantea un claro enfrentamiento entre una fe individual y una religión que reduce el margen de visión espiritual de las personas. 

Las enseñanzas del profeta son más aceptadas por los jóvenes, principalmente Sky (¡es su nombre real!), quien de alguna manera hereda el legado de su maestro, después de que éste es asesinado gracias a una extraña alianza entre el cura y un par de brujas locales. Lo anterior nos da una idea de lo dispersa que resulta la película y a ello hay que añadir las múltiples referencias que se hacen a la tradición judeocristiana. Evidentemente se queda corta ante lo titánico de la tarea.

Rodada en blanco y negro, con actores no profesionales, en un entorno sucio y agreste… es toda una prueba para el espectador, al menos durante la primera hora de la película. Afortunadamente se compone un poco en el último tramo, cuando se define el destino del profeta y nos ofrece una curiosa pelea entre su más fiel seguidor y un monaguillo, como consecuencia de una extraña subtrama amorosa. 

Al final, Arellano nos lleva al paraíso imaginario del título (ahora sí, a todo color), en donde todo es verdor y aguas cristalinas. Dos jóvenes chapotean y se dirigen miradas de ternura mientras una serpiente con toda su dualidad (pecado/renovación), sisea entre sus piernas. Es difícil no ver tanta grandilocuencia con cierto escepticismo.  

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