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El principio del ocaso de López Obrador

Una cosa es saber moverse en la grilla y otra cosa es gobernar. El presidente lleva tres años desastrosos. Los peores años para México en este siglo y muy probablemente los peores desde los años ochentas.

Morelia, Michoacán, 31 de agosto de 2021.- El presidente López Obrador es un genio de la política, más precisamente de la grilla. Como diría el expresidente Felipe Calderón en una entrevista con el ahora youtuber Carlos Alazraki, el presidente huele el poder hasta por debajo de las piedras y yo añadiría: y logra acercarse a él para utilizarlo o beneficiarse.

Pero, una cosa es saber moverse en la grilla y otra cosa es gobernar. El presidente lleva tres años desastrosos. Los peores años para México en este siglo y muy probablemente los peores desde los años ochentas. Ha perdido o despilfarrado los enormes recursos económicos que le habían dejado sus “neoliberales” predecesores; el sistema de salud se le cae cual casa abandonada; y el problema del narco está lejísimos de resolverse o siquiera de controlarse.

Y eso que no estamos enumerando la incapacidad de su gobierno de manejar la pandemia y la recesión subsecuente. Cada vez que el foco de la opinión pública se posa sobre algún problema real es escandalosamente notoria su ineptitud para coordinar a su gobierno para atender la cuestión o, por lo menos, para extender las órdenes pertinentes.

Evidentemente, esto ya le ha pasado factura. No logró, pese a tener la aplanadora del gobierno, revalidar su supermayoría parlamentaria. Seguramente sin quererlo, ha tenido que dar el pistoletazo de salida para su sucesión. Y, finalmente, la consulta que impulsó por todos los medios posibles no estuvo ni remotamente cerca de recibir el espaldarazo que buscaba.

La estrategia del presidente ha sido siempre intentar controlar el relato público y, cuando es posible, subirse al ring electoral en donde puede conducir el debate político lejos de los indicadores gubernamentales. Como candidato es un experto pugilista, pocos han podido derrotarlo. Y dada las circunstancias actuales, le es tan vital como el agua subirse al cuadrilátero. Esto explicaría su necedad por llevar a cabo la consulta contra los expresidentes: quería un atril para debatir. La jugada no le salió porque se quedó hablando solo. Pero no ha cambiado de táctica.

La revocación de mandato es otra oportunidad de llevar el escenario político a donde le gusta. Para su desgracia, todo parece indicar que tampoco logrará su objetivo, lo que resultará en un triple golpe: no controlará el relato político; su deseo culposo de permanecer en la silla se complicará otro poco; y la opinión pública se enfocará de nuevo en lo terriblemente malo que es su gobierno.

Estamos ante el principio del ocaso del presidente. Algo normal en todos los sexenios después de las elecciones intermedias, pero que parecía imposible imaginar después de su impresionante victoria del 2018. Es probable, además, que sea más notoria ahora su decadencia debido a la gran cantidad de problemas que tiene el país.

No se resignará a morir, eso es evidente. La reciente persecución a Ricardo Anaya nos muestra que utilizará prácticamente todas las herramientas que tenga a su disposición para permanecer en el poder o, al menos, para no alejarse demasiado.

Hay que esperar a ver cómo se desarrollan los eventos políticos, pero parece evidente que es el principio del declive.

Y, ¿qué es occidente? (Por: Guillermo López Contreras)

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