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El síndrome de las ranas hervidas (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

Muchos aceptan que les vendieron una fantasía y se la tragaron completa; otros se resisten a admitir que los engañaron, y otro grupo, no pequeño, altamente fanatizado, está firmemente convencido que las cosas marchan bien

Morelia, Michoacán, 07 de julio de 2021.- A estas alturas muchos de los ilusionados votantes de la 4T ya se dieron cuenta (algo tarde) de que las cosas no son como creían. El progresivo deterioro del tejido social y la caída de cuanto indicador económico, sanitario, de seguridad etc. existe, es inocultable.

Muchos aceptan que les vendieron una fantasía y se la tragaron completa; otros se resisten a admitir que los engañaron, y otro grupo, no pequeño, altamente fanatizado, está firmemente convencido que las cosas marchan bien y su felicidad la basan en la idea de que la odiada clase media ha “perdido los privilegios” que tenía en sexenios anteriores.

En su brumosa realidad alterna creen firmemente que de la mano de su  Mesías el país se encamina a un Estado Benefactor, donde el único trabajo que deberán realizar será estirar la mano para recibir todo.

Lo anterior me hace recordar el viejo relato sobre la rana hervida, pues millones de ciudadanos, en su ignorancia,  indolencia y apatía, están como esta rana.

Es probable que en alguna lectura ocasional se hayan encontrado con un supuesto experimento de fisiología realizado con ranas que son sumergidas en agua; la cual progresivamente se va calentando hasta que las ranas, con su pasiva colaboración, mueren literalmente cocidas. La realidad es que no existe tal experimento; es una fábula, escrita por Olivier Clerc y que se encuentra en su libro «La rana que no sabía que estaba hervida y otras lecciones de vida». 

Imaginen una gran olla llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando a fuego lento; al cabo de un rato el agua está tibia y esto a  la rana le parece agradable, y sigue tranquilamente nadando. Ahora la temperatura empieza a subir y el agua está caliente, solo un poco más pero ella no se inquieta porque además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.

Cuando el agua está caliente de verdad a la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que para entonces ya  se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. La temperatura del agua sigue subiendo hasta que llega el momento en que la rana termina hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la olla.

Si a esta rana la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua muy caliente ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto. Este experimento, dice el autor «nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.

Este pequeño cuento encierra para México una enseñanza incómoda, que preferiríamos no verla.

Vimos crecer el poder y la influencia del crimen organizado desde hace muchos sexenios sin que esto fuera  motivo de preocupación. Con la excusa de que éramos un país «de paso» para las drogas los políticos dejaron crecer el problema.

Cuando nos dimos cuenta ya estábamos hundidos hasta el cuello y la única solución fue intentar el combate frontal con los recursos (no muy confiables) que se tenían a mano, el Ejército.

Y así entramos en una guerra que si bien no se podía ganar tampoco debíamos perder.

O eso se planeó hasta la llegada de la 4T y su desastrosa política de “abrazos y no balazos” que a la vista de los resultados ha sido un completo fracaso. 

La violencia y el número de muertos se han incrementado a niveles jamás vistos en los sexenios de Calderón y Peña Nieto y los decomisos cayeron al suelo. Todo indica que lo único que se ha logrado (o buscado) es centralizar los cárteles en uno predominante.

Aceptémoslo, el crimen organizado ya controla poblaciones enteras si no es que Estados completos; ha penetrado estructuras a niveles jamás sospechados. Dicta, sin necesidad de escribir nada, la forma en que el ciudadano debe actuar y temer ahora.

El problema, que hace sexenios era potencialmente manejable es ya una auténtica amenaza para la sobrevida de México como país.

Prácticamente todo está infiltrado, desde un lujoso restaurante hasta una cadena de agencias de autos pasando por consorcios de bienes inmobiliarios.

El ciudadano de a pie tiene poca o nula confianza en los encargados de hacer cumplir la ley, pues bien a bien no sabe a quien en realidad sirve la policía, sí a la sociedad o a unos invisibles patrones.

Los países y sus instituciones suelen terminar como las ranas hervidas si su «umbral fatal» se encuentra más allá de su nivel de conciencia, educación moral y capacidad de respuesta.

La adaptación, en estos casos, es una forma de autoengaño que terminará muy mal.

No sé si aún estamos a tiempo para salir del problema.

Alejandro Vázquez Cárdenas

El mesías, una amenaza cumplida (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

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