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Filosofía del Pueblo: El día final

Cuando alguien muy cercano y querido muere, nos deja un profundo dolor. Muy pocos estamos preparados para aceptar de inmediato la partida de esa persona, así se haya ido de manera anunciada y lo peor, si es inesperada

Morelia, Michoacán, 14 de octubre de 2021.- Cuando alguien muy cercano y querido muere, nos deja un profundo dolor. Muy pocos estamos preparados para aceptar de inmediato la partida de esa persona, así se haya ido de manera anunciada y lo peor, si es inesperada.

En nuestra cultura, en especial aquí en Michoacán, cada noche de muertos los festejamos y recordamos como si estuvieran en vida, construyendo el altar en el cual colocamos las ofrendas que constan de las cosas que más le gustaban en vida, sobre todo comida y bebida.

Pero, ¿habrá vida después de la muerte? Los creyentes de algunas religiones así lo prometen, aunque de manera condicional, pues si te has portado bien en carne y hueso, podrás acceder de manera directa al cielo o paraíso, si no fue así, deberás pagar ya sea en el purgatorio esperando el perdón, o bien, arder en el infierno de manera eterna (quedando aquí a merced de lo que ellos consideran lo que es bueno).

Algunos solo afirman que la función del humano es nacer, crecer, reproducirse y después morir (lo de la reproducción queda entre paréntesis pues algunos creen que ya somos demasiados en el planeta). Que somos materia sin alguna misión o carentes de alma o espíritu, la banal forma de existir pero no ser.

Pero si lo anterior fuera totalmente cierto: ¿Por qué existen personas que se han dedicado a ayudar a los demás sin recibir mérito o reconocimiento a cambio? Gente que sacrifica su tiempo, vida y dinero por hacer el bien a conocidos y desconocidos construyendo con sus acciones un mejor entorno, dejando un mensaje de esperanza y amor.

Cuando nos dejan éste tipo de personas siempre tendrán un lugar en la mente y el corazón de todos los que lo rodearon, haciendo creer hasta al más escéptico que el alma y el espíritu sí existen, que no somos simplemente un puñado de células y átomos ajenos  a una conciencia superior.

Posiblemente el ritmo de vida que ahora se nos ofrece es así, egoísta, las ocupaciones diarias para obtener lo necesario deja agotado a cualquiera poniendo en segundo plano la espiritualidad, como si fuéramos solo robots, valemos solo lo material que poseemos, haciéndonos rutinarios e insípidos, y que pareciera que sin necesidad de un meteorito la extinción es inminente.

Por algo existen esas personas, para traernos esperanza, pues nos enseñan a que cualquiera de nosotros podemos cambiar para bien el destino de quienes nos rodean y esa satisfacción es la única que se irá con nosotros el día final.

Filosofía del Pueblo: Remesas históricas

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