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La reforma si, la forma no (Por: Rubén Alcántar)

La intención de reformar el sistema de pensiones es buena, se la aplaudo a la 4T, pero si van a realizar cambios tan trascendentales para las nuevas generaciones, al menos pediríamos se realicen de la mejor manera, no buscando únicamente un impacto popular

Morelia, Michoacán, 23 de julio de 2020.- El día de ayer miércoles, en plena mañanera y tomándonos por completa sorpresa a todos, el presidente, acompañado de sus incondicionales y algunos empresarios reveló que sin duda es una noticia que ha causado y continuará causando demasiado revuelo en la opinión pública, una propuesta de reforma al sistema de pensiones y jubilaciones.

Personalmente me considero alguien que desde hace un tiempo ya, ha venido advirtiendo de la necesidad de una reforma en dicho sistema, y para ser que la 4T se dio cuenta de ello, sin embargo resulta penoso decir que, si esa será su solución quizá prefiera seguir viendo el sistema como hasta ahora.

La propuesta de reforma principalmente y a lo que nos informaron consiste en, reducir las semanas de cotización necesarias de 1250 a tan solo 750, algo que a mi parecer no resulta del todo “malo”, sin embargo un poco de la controversia radica en la decisión de aumentar la aportación por parte del patrón de 5.15% a 13.8%, manteniendo las aportaciones del trabajador, así como del gobierno exactamente iguales.

Para comprender un poco del impacto de esto explico, los sistemas de pensiones y jubilaciones se dividen en dos distintos tipos; de Beneficio Definido (BD) que es básicamente el sistema de antes de 97 en el cual el gobierno asume la carga del retiro de la población, y el sistema de Contribución Definida (CD), la de después de 97 en la cual tanto empleador, trabajador, como gobierno contribuyen al ahorro para el retiro, lo que se conoce como aportación tripartita.

El sistema de BD ante ojos de muchos continúa siendo lo quizá resultaría idóneo, dado que no sólo no aportan trabajador y empleador, sino que el retiro se realizaba con una suma casi idéntica al último sueldo de quien pretende retirarse, esto es lo que todos quisiéramos, sin embargo es lo menos solvente para la carga del Estado.

Por el otro lado la CD no es tan popular, dado que genera incertidumbre en el trabajador con respecto a su futuro, depende más de lo que pueda ahorrar en su andar laboral, sin embargo es lo más solvente presupuestalmente hablando para el Estado.

La reforma a dicho sistema de CD era urgente, apenas el 24% de la Población Económicamente Activa (PEA) lograba cumplimentar con el requisito de las 1250 semanas de cotización, y de este 24% de la PEA, sólo el 30% entraría en el rango de cumplimiento del afore, es decir a tan solo 13.3 millones de mexicanos de 55.6 conforman la PEA se les estima un retiro mayor a los 3 mil 843 pesos.

El sistema actual sin duda pinta bastante desbeneficioso para la clase trabajadora, sin embargo, también así lo resulta para las finanzas públicas, en las cuales este rubro ha venido creciendo de manera alarmante; por ejemplo, para el ejercicio fiscal del año en curso, el monto asignado asciende a un billón de pesos, lo cual representa un incremento del 6% en comparación con 2019 y cada año será mayor, cantidad que equivale al 4.2% del Producto Interno Bruto, y al 18% de todas las erogaciones de la actual administración, esta cantidad es cuantitativamente comparable a lo que el gobierno federal percibe por toda la recaudación del IVA.

La propuesta de reforma presentada el día de ayer no toma en cuenta que, en nuestro país (con cifras de antes de la pandemia) la informalidad alcanzaba 57% de la PEA, es decir 31.1 millones de mexicanos ya laboraban en la informalidad, no cotizaban en lo más mínimo para un retiro, y con la mayor carga fiscal al empleador formal, muy probablemente esta cantidad aumente.

La reforma era necesaria, repito, sin embargo no abate, es más, ni siquiera considera uno de los principales problemas de fondo, como lo es la tasa de retorno al retiro del trabajador, la cual va en promedio de entre 28.6% y 35.6% del último sueldo, hecho que ubica a nuestro país con el indicador más bajo de toda la OCDE, además de que la tasa de aportación del trabajador es dos y hasta tres veces más baja al estándar internacional.

La propuesta como menciono no abate ninguna problemática, no reduce la carga del Estado, no fomenta el empleo formal, no soluciona nada; en papel suena bastante bello, sin embargo en la realidad solo es una decisión sin pies ni cabeza, dado que, de funcionar (lo cual dudo rotundamente) los resultados no se verían hasta dentro de varias generaciones, pero de no hacerlo, los estragos los viviríamos de manera inmediata, a manera mayor informalidad.

La intención es buena, se la aplaudo a la 4T, pero si van a realizar cambios tan trascendentales para las nuevas generaciones, al menos pediríamos se realicen de la mejor manera, no buscando únicamente un impacto popular; para ser franco creo que sería un error que una reforma de este tipo logre pasar, claro falta poder leer la propuesta completa, sin embargo afirmo que lo planteado únicamente repercutiría en el ya muy golpeado empleo formal, con lo cual expreso, sí queremos la reforma, pero no así.

El Quinazo de la 4T (Por: Rubén Alcántar)

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