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Los suspirantes… Del viejo presidencialismo

Ese sector de la población al que Andrés Manuel llama “pueblo bueno y sabio” no es ni bueno y mucho menos sabio, sino más bien un grupo de personas que -como el presidente-, muy en el fondo añoran el pasado y el viejo paternalismo de los gobiernos del PRI

Morelia, Michoacán, 02 de julio de 2019.- Este 1 de julio, en el marco de los festejos por el primer año de la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador, los mexicanos fuimos testigos de que miles, tal vez millones de los nuestros añoran al viejo presidencialismo del PRI.

Como en los sesentas y setentas, el acarreo masivo de personas, las tortas y los refrescos para los asistentes, además de los pagos a muchos de ellos, fueron la constante para el acto del día del presidente.

Hasta presentaciones culturales y artísticas en el Zócalo de la Ciudad de México. ¡En fin!, el famoso “pan y circo”.

Algunos valientes ciudadanos y pocos medios nacionales se dedicaron a documentar toda la costosa parafernalia en torno al #AMLOFest, donde pudimos ver a unas 85 mil personas en los hechos añorantes de los gobiernos autoritarios y absolutistas que en su momento encabezaron Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo.

Según los testimonios de varios líderes y seguidores de López Obrador, aquellos gobiernos a los que un sector de la izquierda mexicana llama “represores” fueron buenos, ya que el “neoliberalismo” comenzó a implementarse en el país a partir del gobierno de Miguel de la Madrid.

Así, de acuerdo con esa lógica de buenos y malos, de blancos y negros, la mancha del “neoliberalismo” afecta de manera automática también a los presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox , Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, en honor a la verdad, las prácticas del viejo régimen presidencialista se habían venido diluyendo durante los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón, aunque comenzaron su regreso con Peña Nieto y ahora con López Obrador se han vuelto el pan de todos los días.

Lo que más me llama la atención es la buena acogida que las viejas prácticas revividas por el inquilino del Palacio Nacional ha tenido entre sus fanáticos, sobre todo porque muchos de ellos eran quienes más las criticaban.

Me parece que ese sector de la población al que Andrés Manuel llama “pueblo bueno y sabio” no es ni bueno y mucho menos sabio, sino más bien un grupo de personas que -como el presidente-, muy en el fondo añoran el pasado y el viejo paternalismo de los gobiernos del PRI y de Lázaro Cárdenas del Río.

Les gusta ser arreados en manadas, recibir dádivas, aglutinarse con los que son como ellos, escuchar verdades a medias y mentiras completas, idolatrar a su mesías, atacar como hordas a quienes lo critican y, sobre todo, sentirse representados por alguien que, aunque no lo cree así, les dice que ellos tienen la razón.

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