Mesianismo y corporativismo indígena al servicio de AMLO

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

La supuesta “consagración” a López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez supone que ahora estarían santificados, sacralizados, divinizados, pues. Mesianismo puro, sin tapujos, sin recato por parte del “huey tlatoani”.

Morelia, Michoacán, 04 de diciembre de 2018.- Luego de la toma de posesión como presidente de México en San Lázaro y con la presencia de figuras políticas controvertidas como Nicolás Maduro, Evo Morales, Kim Jong-Un, Daniel Ortega o Miguel Díaz-Canel, -que provocaron el rechazo de un sector de los diputados de oposición, sobre todo ante la mención de Maduro y Ortega por parte de Obrador-, el nuevo mandatario federal participó en una ceremonia bastante peculiar, por no decir extraña, en el Zócalo de la Capital mexicana, en donde un grupo de indígenas le entregaron el bastón de mando de estas comunidades originarias.

El evento, enmarcado por una multitud de asistentes que vitoreaban al nuevo “huey tlatoani”, representaba un ritual de purificación o lo que para la mayoría es una “limpia”, con incienso, copal y ramas, y una “consagración”. Aunque no queda claro cómo gente común puede hacer sagrado o santificar algo o a alguien, pues un ritual de consagración lo debe realizar una autoridad religiosa, mediante un rito especial, en condiciones específicas.

En este caso, se llevó a cabo la supuesta “consagración” a López Obrador y su esposa Beatriz Gutiérrez, es decir, ahora estarían santificados, sacralizados, divinizados, pues. Mesianismo puro, sin tapujos, sin recato por parte del “huey tlatoani”.

Y aunque las páginas de diarios y medios informativos se llenaron, ensalzando el evento que aseguraban era único e inédito, pues nunca un presidente había recibido un bastón de mando de las comunidades indígenas, esto dista mucho de ser cierto, pues ha ocurrido en innumerables ocasiones en la historia política de México y ha sido realmente una tradición desde la mitad del siglo XX en el PRI.

Y pareciera que, o tenemos pésima memoria, o realmente somos muy distraídos o bastante ignorantes, pero ya con López Mateos como candidato a la presidencia del país, se le hizo entrega de un bastón de mando de manos del alcalde de Guelatao, Oaxaca en 1957. Luego López Portillo recibe uno en Temoaya, Estado de México. Carlos Salinas de Gortari tuvo el suyo en San Luis Potosí como candidato. También Luis Donaldo Colosio recibió los bastones de mando en San Luis Potosí y en Hidalgo. Lo mismo sucedió a Ernesto Zedillo, en Oaxaca. Vicente Fox recibió su bastón de mando en Michoacán; Felipe Calderón tuvo otro en San Juan Chamula. Pero incluso José Antonio Meade, muy recientemente, recibió los suyos en Nayarit de manos de los huicholes y en San Juan Chamula.

Es decir, es una tradición bastante normal y hasta frecuente y que además tiene más qué ver con grupos organizados con afinidad sobre todo al PRI, como la CNC.

Estos grupos buscan a través de estos actos, tener un acercamiento directo con los gobernantes, no sólo con los presidentes del país, pues también es común que otorguen el bastón de mando a gobernadores o alcaldes y así construyen relaciones y compromisos con los políticos.

Incluso algunos medios de comunicación y analistas de tiempos atrás, comparaban estos actos a una tradición “priásica”, añeja, anquilosada y bastante anacrónica, hasta nefasta, pero cuando lo hace Obrador, esta parafernalia se convierte en motivo de reconocimiento, de júbilo, de honor que provoca el llanto, y hasta se le otorga a la “ceremonia” un carácter ridículamente místico.

También hay que señalar que las supuestas representaciones de las 68 comunidades indígenas ahí congregadas en tremendo escenario, pues no eran las que debían y esto ya generó encono entre éstas comunidades, pues unos grupos alegan que quienes estuvieron en la ceremonia no eran representantes suyos y tampoco cuentan con el reconocimiento legal, simplemente fueron invitados por el equipo de López Obrador, desdeñando a los representantes reales. Este conflicto no ha cesado y es delicado, sobre todo porque son comunidades que suelen ser bastante celosas.

Pero el asunto no para ahí, el grupo que no fue invitado, acusa de “charlatanes” e “impostores” a los otros (Gubernatura Nacional Indígena), además de asegurar que ese bastón que hicieron es más bien de brujería que indígena, como aseguró Julio Atenco, de la Red Nacional Indígena y consideran la omisión de Obrador como una ofensa y una afrenta.

Así de delicada está la situación y acusan de haber un “judas” en el equipo del presidente de México.

Lo que queda claro es que este grupo (GNI) que cuenta con 10 millones de integrantes en todo el país, es un instrumento creado por el PRI, como hicieron tantos otros, para controlar política y electoralmente a comunidades completas, que hoy están a los pies de Obrador.