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Mismo discurso, diferentes problemas (Por: Rubén Alcántar)

Durante las últimas semanas y por el próximo mes al menos, nuestro país afronta el que a nivel mundial resulta ser el enemigo más complicado desde la segunda guerra mundial, sin duda el combate a la epidemia de COVID-19 es la prioridad a nivel mundial

Morelia, Michoacán, 03 de abril de 2020.- Durante las últimas semanas y por el próximo mes al menos, nuestro país afronta el que a nivel mundial resulta ser el enemigo más complicado desde la segunda guerra mundial, sin duda el combate a la epidemia de COVID-19 es la prioridad a nivel mundial, y a pesar de que esta va de la mano con la estabilidad económica no ha dejado de ser la prioridad como ya algunos países lo han dejado ver en sus paquetes económicos.

Una de las más grandes limitantes de la ciencia económica sin duda radica en la prácticamente imposibilidad de predecir el futuro, se pueden realizar estimaciones en base a estadística y aproximaciones pero todas estas con su margen de error, no es exacto dado la inestabilidad de los agentes económicos, explico esto dado que, a día de hoy se vuelve prácticamente imposible realizar una estimación exacta de lo que se viene para nuestro país.

Lo que sí se puede asegurar es una caída importante en nuestra economía, principalmente afectando sectores como el industrial, en el cual principalmente se verá afectado por la inminente caída en las exportaciones; del petróleo mejor ni hablamos, puesto que ya no solo no ganamos por barril extraído, sino que a los precios actuales ahora incluso se pierde. En el sector servicios, sector que representa el 63% de la actividad económica en nuestro país podría representar una caída del -25%, agregados que en su conjunto podrían representar la mayor contracción económica de nuestra historia.

Se esperaría, por sentido común una respuesta por parte del gobierno, medidas de ajuste, una política económica contracíclica, sin embargo se ha sido demasiado conservador en ese sentido, si bien, se ha hablado ya de que dado la difícil situación que afrontan nuestras finanzas públicas, la aplicación de una política de aligeramiento fiscal se vuelve muy difícil por no decir casi imposible, el gasto corriente es extremadamente elevado y la pérdida que las finanzas públicas tendrán este año será igual de elevada.

La lógica imperaría en la tan mencionada austeridad republicana a la que tanto énfasis hizo el presidente, reorientar el gasto a programas de apoyo a los millones de pequeñas y medianas empresas que sufrirán esta crisis como nadie, a todo el amplio sector informal, sin embargo no es así, si algo debemos reconocerle al presidente es que este es fiel a su discurso, incluso aunque ello no represente lo mejor para el país.

El presidente ha sido fiel a su idea de transformación nacional, no importa que el panorama haya cambiado, no importa que exista una pandemia mundial, no importa que se esté viniendo la más grande recesión económica a nivel mundial de la época contemporánea, por supuesto que tampoco importa que los recursos para salud no sean suficientes, o que los recursos para prácticamente cualquier cosa sean insuficientes, lo que sí importa es su idea de cómo gobernar, su idea de construir el poder y orientar el gasto.

A esa tan vitoreada austeridad republicana durante su eterna campaña, le hace falta un poco de aplicación a la realidad actual, los tan criticados programas clientelares del gobierno no funcionaron el año pasado y sí representaron un importante gasto al erario, gasto que hoy no estamos para darnos el lujo de cargar, sin importar que el señor presidente se esmere en decir que esto lo hace porque “primero los pobres” en este momento lo primero sin duda debe ser la salud DE TODOS, pero pareciera que no ha entendido que gobierna para todos, no solo para los 30 millones que lo eligieron.

Pero sin duda, donde radica la mayor de todas las necedades del presidente, es en la rotunda negativa a la postergación de sus proyectos faraónicos, el aeropuerto de Santa Lucía, el tren maya y la refinería de Dos Bocas; el presidente se niega no cancelar, eso queda claro que jamás ocurrirá, solo se le pide poner en pausa dichos proyectos, retomarlos el año entrante y reorientar ese gasto a salud y rescate económico, pero no, al señor López Obrador le importa más su senil idea de transformación, que las prioridades nacionales.

El año actual será quizá uno de los más complicados en la era contemporánea como ya mencioné, se vienen tiempos pongamos difíciles, tiempos de solidaridad nacional, tiempos para con el esfuerzo de todos, primero mitigar lo más pronto posible la grave amenaza del coronavirus, y posteriormente levantar a nuestro país económicamente hablando, juntos, como sociedad, porque queda más que claro que el gobierno cuenta con prioridades muy distintas a las que el pueblo que lo eligió hoy tiene.

¿La deuda es la solución? (Por: Rubén Alcántar)

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