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Proyecto Secreto: La presencia más grande en la historia

Hay que asumir la historia íntegramente, con todos sus actores, en la dimensión humana y divina , con la virgen de Guadalupe.

Morelia, Michoacán, 08 de diciembre de 2020.- UNA VISTA PANORÁMICA

La celebración más grandiosa de los mexicanos en todo el año es la Virgen de Guadalupe.

Se desborda el fervor de los mexicanos con una fuerza que permanecía escondida durante el año. Las manifestaciones en el dominio de la devoción popular, de la fe, del arte son esplendorosos e incontables.

Se afirma que un altísimo porcentaje de los mexicanos son católicos y que todos son guadalupanos.

Todos los años, en tiempos normales la ola de las celebraciones es grandiosa. En tiempos de pandemia la ola va a chocar contra las vallas del confinamiento por el COVID 19.

En tiempos de pandemia mortífera hay que hacer presente a la madre de Dios, que alcanza milagros.

Las motivaciones religiosas son las más poderosas en la conducta humana. Son un tsunami que nadie puede contener si no es la propia persona usando su libertad.

Hay que detener la ola del contagio para no exponer a la muerte a muchos hermanos, pero también no podemos prescindir de la presencia de Nuestra Señora, madre de Dios que tiene el poder infinito de alcanzar la misericordia divina y de detener la pandemia.

En este momento México se debate contra un enemigo invisible, poderoso, mortal, un coronavirus. Muchos hermanos mueren. Es un desgarramiento sufrir la muerte por la pandemia de amigos muy queridos. Es el caso para mí del padre Manuel Alvarez Solano, agustino, amigo entrañable que fue arrebatado la semana pasada.

En todo el panorama de los hombres, no se ve una ayuda proporcional que pueda arrancarnos al flagelo. En la lucha contra la pandemia no ha habido la unidad necesaria y la lucha conjunta. Afirma el Papa Francisco en Fratelli Tuti que “a pesar de la hipercomunicación existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que afectan a todos” (N. 7).

Los hombres egoístas y soberbios tienen puesta su atención en el poder y la fama, la riqueza de dinero. Es escalofriante la falta de seriedad con que se ha enfrentado la pandemia y se ha dirigido la operación para librar la gente de ella. En el discurso, la lucha, para ellos, está muy bien, se banaliza el número de muertos y se encubre la realidad lastimera e imposible.

LA SABIDURÍA DE LO ALTO

Hay un personaje sublime, extraordinario que tiene ese poder y que vino a visitar a los mexicanos, que se pareció en la colina del Tepeyac del nueve al 12 de diciembre de 1531.

El acontecimiento que viene transformar el universo y la historia del pueblo mestizo de México, una gran Transformación que ignoran los gobernantes de ahora. Tiene el lugar en 1531, después de 10 años de genocidio, epidemia y dolorosa derrota de los pueblos indígenas. Ellos sentían que les habían arrebatado todo, lo material y lo espiritual. Su universo era un caos y un final trágico. Déjenos morir, exclamaban.

Es un acontecimiento sobrenatural que sacude la existencia de los indígenas profundamente religiosos y que se inserta también en la fe de los españoles, igualmente fervorosos creyentes.

Las apariciones que relata el Nican Mopohua un prodigio de belleza y ternura. Son un encuentro de la Virgen madre del Cristo de los occidentales con las preciosas creencias de los pueblos indígenas, con su búsqueda de Dios muy pura y muy sabia. La Virgen de Guadalupe es la virgen del Evangelio de Lucas que lleva en su seno al Hijo de Dios, creador de un mundo nuevo. El lenguaje, signos, actitudes y el amor realizan la convergencia de dos pueblos en sus creencias profundas.

Llama la atención la ternura de la virgen madre de Jesucristo que es el mismo Dios de la gran tradición creyente de los pueblos mesoamericanos.

La Virgen de Guadalupe se dirige al indígena Juan Diego en la más fina cortesía náhuatl. Hay que leer, meditar y saborear el saludo y todo el trato delicado de la Virgen al pueblo de México representado en aquel humilde creyente.

Diez años después de conquistada la ciudad de México-narra el Nican Mopohua, cuando ya estaban depuestas las flechas…

A los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indígena, un pobre hombre del pueblo. Su nombre era Juan Diego…”

Entre cantos celestes la virgen llama a Juan Diego. El obedece y si entra en la teofanía. Se encuentra frente a ella, el universo de piedras y cactus se metamorfosea. El diálogo es delicado con la cortesía de la nobleza indígena. Juan Diego responde con nobleza y ternura.

La virgen se presenta: soy la perfecta siempre virgen Santa María madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el creador de las personas, el dueño de la cercanía y de la inmediación(In ipalnemohuani, in Teyocoyani, in Tloque Nahuaque…”).

Juan Diego se ve confrontado a la muerte en la persona de su tío que agoniza. Es la figura del pueblo de México, afligido por la pandemia. Juan Diego humanamente no tiene esperanza.

La virgen tiene el poder de Dios, es el rostro femenino de Dios para liberar a los pueblos que sufren desastres más grandes que ellos, ante los que están inermes y sin esperanza.

Aquí debemos rescatar el precioso consuelo de la virgen de Guadalupe:

, ponlo en tu corazón, hijo mío, el chiquito, que no es nada lo que te espantó lo que te afligió, que no se turbe tu rostro, tu corazón no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad…

¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de toda alegría? No estás en el hueco de mi rebozo, en mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?

Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe que no te apriete la enfermedad de tu tío porque de ella no morirá por ahora. Ten por cierto que ya está bueno”.

Proyecto Secreto: La justicia por encima de todo

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