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Proyecto Secreto: Perversos, cínicos y arrogantes

Bolivia es el espejo en que los otros países deben verse a sí mismos, sus gobernantes y su pueblo humilde y sufriente

Morelia, Michoacán, 18 de noviembre de 2019.- Juan García López se queda pensativo, admirado, sin entender nada. Se pregunta: ¿qué tienen en la cabeza los tiranos que aplastan personas e instituciones y se quedan sin pena ni remordimiento?

Realmente piensa Juan- no se comportan como seres humanos que hacen el bien y se avergüenzan de sus crímenes y se esconden porque aceptan el orden moral y quieren guardarlo.

Se han perdido los valores éticos y religiosos. ¿Realmente mucha gente ha perdido el sentido del bien y del mal? Eso es trágico.

Hay una ley natural grabada en las entrañas de cada uno de nosotros, que se expresa en la voz de la conciencia: aprueba cuando hacemos el bien, reprocha cuando hacemos el mal. Hay personas que se han endurecido y pasan sobre eso.

Una persona sana moralmente, cuando comete un crimen se siente culpable, si es descubierto se muestra apenado. Pero hay personas pervertidas que han perdido la vergüenza y andan aparentando lo que no son.

Con descaro y cinismo se muestran insensibles a la opinión pública y el juicio del reprobatorio de la sociedad.

Son los fariseos del Evangelio, los únicos que el divino Mesías señaló, puso en evidencia y reprobó.

Son los sepulcros blanqueados hermosos en la apariencia pero llenos de podredumbre y de miserias humanas, que tienen un fondo podrido y nauseabundo.

Son los que aparentando discursos tiernos, lisonjeros se van contra la dignidad y los derechos de los pobres y humildes.

Los crímenes son variados e incontables.

Esta hipocresía flota en el aire, somos una sociedad que finge y oculta sus crímenes. Cometemos los crímenes y queremos pasar por gente honrada y buena.

El desfile de corruptos y perversos en el mundo es interminable. De vez en cuando la autoridad judicial y los medios de comunicación exhiben algunos. Pero hay muchos que andan sueltos aparentando ser buenos y predicando la honestidad, la democracia, el amor a los ignorantes, indefensos, manipulables.

No hay que perder la dignidad, las virtudes, la conciencia moral, no hay que pactar con la corrupción ni dejarse envilecer.

La batalla se libra en el foro íntimo de cada persona, ahí no podemos dejar que la corrupción nos cambia.

En el gobierno y en la sociedad hay que distinguir al buen (son contados, pero sí los hay) de los criminales y perversos que aparentan ser personas decentes.

Hay que saber reconocer a los neo-fariseos que ocultan su falsedad y rapacidad. Urge portarse dignos y sagaces, sabios para no dejarse envolver con discursos melosos y tramposos.

Hay que distinguir los poderosos que quieren el poder no para servir sino para saciar sus bajas pasiones, instintivas. Con el tiempo aparecen los verdaderos lobos rapaces que se engordan a costa de los humildes y destruyen y matan.

Tenemos ejemplos de juegos frente a nosotros: quien quiere reelegirse y utiliza sus mañas. Quien nunca acepte su crimen y se defienden con mañas refinadas y poderosas.

La calidad genuina del hombre aparece cuando se reconoce mortal, pecador, falso y lo acepta ante el gran mundo y pide perdón… Y quiere reparar los daños. Es el hombre que vale los otros son bestias del apocalipsis.

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