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Proyecto Secreto: Un contagio y una muerte peor

Más allá del mundo que perciben nuestros sentidos están las realidades definitivas, hay un virus y una muerte más terrible que el coronavirus.

Morelia, Michoacán, 03 de abril de 2020.- Quien tiene fe percibe por los sentidos el mundo de las realidades limitadas y transitorias pero ve más allá.

Las cosas materiales son como un velo, una cortina que permite adivinar el mundo trascendente, de las realidades verdaderas y definitivas, en una luz que no conoce el ocaso.

El hombre carnal y mundano, que vive sólo para la comida y el placer, tiene un país lleno de problemas y sangre, que no cumple sus promesas. El hombre de fe tiene, además, el reino de la gloria, la plenitud y la inmortalidad.

El hombre es cuerpo y espíritu y tiende a su bien integral, cuando lo alcanza, conoce la felicidad y la paz. El bien que satisface plenamente al hombre es Dios. Un genio como San Agustín afirma bellamente: “ nos creaste señor para ti y nuestro corazón anda inquieto hasta que descanse en ti “. El rostro de Dios, su compañía es la felicidad que andamos buscando. Él es el Bien.

Todos los bienes de la tierra, incluida la vida corporal son relativos, pasajeros, secundarios. Dios es el Bien, necesario, total, definitivo. Su pérdida es una desgracia total, es la muerte eterna. La pérdida de la salud y la vida material son leves, intrascendentes, algo mínimo.

La persona de fe se empeña en vivir bien su paso por el país de las imperfecciones, en las enfermedades y la muerte.

Pero no se pierde en los negocios y seducciones del mundo presente. La fe lo hace sabio y le permite ver más allá de las mediaciones materiales y caducas.

Así, a través de las calamidades y la muerte que se cierne en su cielo alcanza a percibir un mundo de las realidades perfectas y definitivas. Hay males más terribles que el COVID 19 y una muerte sin comparación más terrible que los decesos por el Coronavirus.

Peor que el CORONAVIRUS es la maldad, el pecado que infecta el corazón del hombre y lo lleva a perder su Bien, todo.

Peor que la muerte por la pandemia es la muerte de quien muere en pecado, pierde a Dios, la fuente de la vida y del amor, que da una felicidad desbordante y eterna, que realiza los sueños más acariciados de belleza y ternura.

El pecado lleva a la muerte total, al infinito desgarramiento de perder a Dios, al infierno de la desgracia, el odio, la maldición eterna.

Dios es la realidad en un mundo perecedero de sombras y falacias, nos abre el mundo nuevo de lo alto. Alarga nuestros pobres horizontes y nuestras posibilidades a un mundo de belleza y plenitud, de lo infinito y lo eterno, donde se realizan los más caros sueños, al eterno banquete de las bodas del Cordero, la fiesta celestial del gozo y la paz, el paraíso de la gloria y la beatitud.

Proyecto Secreto: La dimensión olvidada de la pandemia

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