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Requisitos para ser un buen político (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

La cultura, la honestidad, el afán de servicio, la congruencia y la inteligencia no son atributos frecuentes para una gran parte de nuestros políticos

Morelia, Michoacán, 16 de enero de 2024.- La mayoría de las profesiones que conocemos están actualmente de capa caída. Ninguna garantiza que al terminar la misma se pueda obtener un empleo seguro, con buenos ingresos, un ambiente laboral cómodo y seguridad a largo plazo. Esto aplica tanto para las carreras tradicionales, tales como medicina, ingeniería, leyes, contabilidad como para nuevas como informática, relaciones comerciales, ciencias de la comunicación etc. Y ya ni hablar de esas carreras que tradicionalmente han sido el refugio de juniors y despistados como Filosofía y otras de discutible utilidad pues para sobrevivir en esas es necesario contar con un progenitor rico o resignarse a vivir con un sueldo raquítico, enquistado en alguna universidad o plantel parecido.

Es por eso que en México, en esta época de la generación NI-NI (NI estudian NI trabajan) solo dos opciones contemplan nuestros connacionales. O aceptan ser reclutados por el narco, que ofrece atractivos planes y un ostentoso tren de vida, aunque con un futuro donde lo único seguro es una muerte violenta o bien, con menos peligros se opta por seguir la carrera de político, esa que, dígase lo que se diga es la opción mas atractiva para un segmento de grandes ambiciones y escasas luces intelectuales.

¿Qué se necesita para ser un buen político? Muchos creen que para llegar a ser un gran funcionario se debe contar con un título universitario, incluso maestría y doctorado, hablar un idioma adicional y tener una destacada trayectoria. Esto quizá lo sea en otros países, pero en México definitivamente no. En cuanto a su capacidad profesional no es necesario ser bueno o siquiera regular, pueden, sin ningún problema, ser unos auténticos asnos. Ejemplos sobran.

Importantísimo es contar con aliados solventes. A menos que se tenga un gran capital propio, sin importar su origen. Es necesario contar con allegados que apoyen; aunque los favores que se reciban durante la campaña se deberán pagar una vez ocupado el puesto al que se aspira. Esto es un arma de dos filos, pues mientras más te financien mayor será el compromiso con esas personas, al grado quedar literalmente vendido y sin libertad para actuar por cuenta propia. Y si el financiamiento viene del crimen organizado el asunto se pone peor, mucho peor.

Pero, cosas de los tiempos y de la mercadotecnia de la imagen, esa surgida en los EUA desde el debate Kennedy-Nixon y en pasado reciente en México con Peña Nieto; el político debe de resultar razonablemente atractivo, aunque eso de la imagen es algo discutible como lo vemos con López Obrador. En un pasado reciente tuvimos verdaderas excepciones como fue el caso de Mario el «precioso» Marín y Fidel Herrera que, por el lado que se les vea son absolutamente impresentables. En la actualidad también podemos calificar de excepcional a la Gobernadora del Estado de México , Delfina Gómez, que es , por donde se le vea, impresentable.

Ya con el físico estilizado diseñadores expertos tratan de hacerlos aparecer más jóvenes, «casuales», incluso inteligentes. Esto último rara vez lo logran. Lo que natura no da, Salamanca no presta.

Con estos elementos, los nuevos próceres compiten en las elecciones cobijados y manejados por los verdaderos dueños de los partidos políticos y sus operadores, quienes, desde cargos públicos, invierten gigantescos recursos en una estrategia propagandística permanente.

La inversión en imagen, usando la televisión y cuanto medio impreso de deje comprar, es cara y por eso se llega a erogaciones extremas, la justificación es que los otros también lo hacen y que no se puede entregar el poder por el alto costo que ha tenido lograr esta democracia. Democracia nueva de acuerdo a su personal manera de pensar, muy ajena al gobierno de las mayorías. Fenómeno que Eduardo Galeano define en una frase: «En la época de las dictaduras militares se quemaban los libros subversivos, en la era de la democracia se queman los libros de contabilidad».

Las comunicaciones ocupan un lugar de honor en la dinámica política. Las más altas autoridades se la juegan por los primeros diez minutos de los noticieros. No importa lo que se diga, la cuestión es aparecer.

La cultura, la honestidad, el afán de servicio, la congruencia y la inteligencia no son atributos frecuentes para una gran parte de nuestros políticos. Algunos jamás han leído un libro, pero pese a ello se les coloca en cargos vitales para el manejo del país. Estos políticos pluripotenciales, ya lo hemos visto muchas veces, sobre todo en esta 4T, pueden ocupar cualquier cargo, independientemente de su formación, ya que se supone que en cualquier lugar pueden funcionar bien, pues lo único que realmente necesitan es una lealtad a toda prueba y tragar sapos de gran tamaño.

Mal asunto.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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