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Semana Santa en la ola de la corrupción (Por: Mateo Calvillo Paz)

Semana Santa es la gesta de Dios que nos salva, que se forma su pueblo fiel, este falla., Cristo se ofrece en sacrificio para expiar los pecados.

Morelia, Michoacán, 30 de marzo de 2021.- Es Semana Santa, un tiempo que hunde sus raíces en la tradición creyente, judeocristiana que se remonta a milenios, de alguna manera a los orígenes del género humano.

En nuestro tiempo de tecnología y consumo, de muchos bienes materiales para dar bienestar y placer, la diversión y los placeres absorben a la persona humana en una dimensión corporal,, materialista, instintiva, pagana. Se ha perdido el sentido profundo, verdadero, tradicional, espiritual porque se ha diluido y desgastado el sentido de Dios. 

El sentido de Dios permanece larvado, callado en una sociedad de secularismo, que vive al margen de Dios. Ahora muchos llevan ideas vagas de religiosidad popular, de fe cristiana.

Vamos en un oleaje turbulento, con tintes de apocalipsis, de destrucción final y definitiva. Necesitamos ver la situación de frente con lucidez y nos cimbra, se estremecen las columnas del mundo, nos da pánico, pavor.

Los acontecimientos terribles están en todas partes de México y del mundo. Asesinan a las mujeres de una manera cruel, absurda e inadmisible. También asesinan a los hombres en mayor número.

Los poderosos de la clase política y empresarial defienden sus derechos muchas veces egoístas, sus intereses particulares de negocio y dinero que es el más grande tirano de los hombres.

Satanás tiene sus mercenarios para sembrar la división, el encono, las guerras fratricidas. Hay quien descalifica a todos los que no son sus fans, los sataniza, están condenados porque son conservadores, neoliberales, de otros colores partidistas.

A la luz de la fe, vemos con claridad y mirada penetrante: es la lucha tremenda del bien y del mal que polariza las fuerzas y voluntades. Es la batalla original de Lucifer que se rebela contra el Creador.

Dios va iluminando la historia, la obra de Cristo, el sacrificio supremo que él hace de sí mismo para desafiar a las autoridades corruptas y asesinas de su pueblo.

En la pasión de Cristo, su muerte y Resurrección, Misterio Pascual, tenemos una clave, una revelación sobrenatural que nos permite ver las fuerzas en conflicto y entender con sabiduría sencilla lo que está pasando: la lucha de la luz y el bien con el poder de las tinieblas que quiere destruir a los hombres, sus naciones. Es la clave para entender nuestra vida y entender nuestra historia, esta historia turbulenta, en este momento de olas agitadas, encontradas, muchas veces mortales.

Es una hora de gracia, es la gran oportunidad para los creyentes de despertar a los acontecimientos y tomar una actitud responsable, decidida, generosa para asumir la tarea, enorme de Cristo: superar el mundo de pecado de mentira y soberbia y construir el mundo de lo alto, de lo definitivo sin ambiciones mundanas malvadas, ocultas, que se disimulan.

Penetramos como por un rayito de luz en la pasión del Señor Jesús. Los misterios son insondables, apasionantes, bellísimos.

En la Última Cena, Cristo se ofrece en sacrificio y lo explica en las palabras de despedida, en la Gran Oración Sacerdotal (Juan, 17) .

En el sacrificio de propiciación por los pecados (como se hacía en la fiesta judía del Yom Quipur), el sacerdote expiaba primero los pecados propios luego los de la comunidad y finalmente los de todo el mundo. Éste mundo de corrupción está lleno de maldad, mentira y pecados necesita la inmolación de una víctima inocente. Nadie mejor que Cristo que todo lo hizo bien.

Cristo encierra su sacrificio en una celebración de signos, adelanta el sacrificio que tendrá lugar el viernes santo. Se sacrifica bajo los signos de pan y vino en la fiesta de la Pascua, lo que se actualizan en la misa .

El pueblo que Dios hizo bueno se ha pervertido, estamos sumidos en la corrupción: bajas pasiones de poder y dinero, descuido de los pobres y enfermos, hay fariseos que mienten y se aprovechan de los humildes, descuido de los enfermos, descuido escandaloso y criminal de los pobres luego del contagio del COVID 19.

Cristo es la víctima y se hace Palabra, se hace sacrificio en la noche del jueves santo. Para darnos la vida eterna, santificarnos en la verdad, darnos a conocer el Nombre del Padre.

La noche del jueves santo es la noche del amor. Cristo se ofrece actualmente en este mundo desgarrado e infectado de crimen y virus, con sangre derramada por los sicarios y muerte.

Él espera la presencia de su pueblo para lavarlo y hacerlo pueblo fiel. Se le encuentra en la Iglesia, en la comunidad, en la palabra y los sacramentos.

Hay que estar con Cristo, sacrificarse con él y entrar en la página más honda y sangrienta de su pasión y muerte.

El Viernes Santo se realiza la entrega en la realidad histórica, Jesús cumple las profecías y se inmola para librar del maligno y de la muerte eterna. Queda destrozado, sin forma humana, muerto.

En una vigilia bellísima celebramos el sábado por la noche el triunfo inesperado de Cristo sobre todas las fuerzas de la muerte y del mal. Es la noche santa, la experiencia divina en la que hay que entrar en la solemne vigilia del sábado de gloria.

El domingo es otra página de luz, triunfo, de vida plena. La gloria triunfa sobre la iniquidad y la muerte, Cristo resucita, inaugura el mundo sin maldad, el mundo de la felicidad deslumbrante, irresistible.

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