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“Territorio”, de Andrés Clariond, cierra la competencia en el FICM

Manuel y Lupe son una pareja joven que desea tener un hijo. Cuando descubren que él es infértil, prueban con distintos tratamientos que al final resultan infructuosos o muy alejados de sus posibilidades económicas. Como último recurso acuden a Rubén, un compañero de trabajo que planea marcharse.

Morelia, Michoacán, 23 de octubre de 2019.- La última jornada de largometrajes mexicanos del FICM cerró actividades con Territorio (2019), segundo largometraje que escribe y dirige el regiomontano Andrés Clariond. Hace algunos años, el propio Clariond vino al festival moreliano a presentar Hilda (2014), su ópera prima, un interesante estudio de personajes y su lugar en la rígida estratificación social. 

En esta ocasión, el director decide explorar un tema distinto: la masculinidad. Manuel y Lupe son una pareja joven que desea tener un hijo. Cuando descubren que él es infértil, prueban con distintos tratamientos que al final resultan infructuosos o muy alejados de sus posibilidades económicas. Como último recurso acuden a Rubén, un compañero de trabajo que planea marcharse a los Estados Unidos. Pero dicha decisión tendrá serias consecuencias para la estabilidad de la pareja.  

De entrada hay que agradecer el tema, no es una más de narcotráfico o de seres embriagados de delirios místicos. La sexualidad tiene varios matices, querer confinarla a dos polos opuestos es cuando menos cuestionable, aunque desafortunadamente sigue siendo una práctica socialmente aceptada en este país en donde a los niños se les viste de azul y a las niñas de rosa.

También podemos hablar de varios tipos de masculinidad, las cuales se representan de maneras distintas por los personajes de la cinta. Manuel personifica una más racional y responsable, mientras que en Rubén se manifiesta de una manera más física. Lupe siente estabilidad con su esposo, pero le atrae el físico y la personalidad dominante del amigo. Al final deberá tomar una decisión. 

Vale la pena observar con detenimiento el contraste entre los personajes masculinos: Rubén (Jorge Jiménez), es rudo y fornido, mientras que Manuel (José Pescina, a quien vimos en Carmín Tropical), es más bien bajo, delgado y luce un ligero bigote. A esto debemos agregar el pasado de Manuel, quien careció de una figura paterna durante su infancia (“aprendí a jugar primero con la máquina de coser antes que con el balón de futbol”, confiesa a su compañero).  

El título hace referencia también a esta característica animal de marcar el propio territorio. Manuel cuida su espacio, su casa y su relación de pareja. Mantiene a raya al tercero. Pero en el momento en que permite que ingrese Rubén, los roles se invierten de tal manera que el protagonista se ve definitivamente desplazado del espacio que creía defender. 

Es verdad que hay un nivel de absurdo en la historia, aunque claramente planteado de manera intencional por su autor. Este absurdo es el que permite tejer las insanas relaciones que desembocan en una resignación del protagonista sobre su incapacidad de ser padre biológico y al mismo tiempo, la aceptación de su propia masculinidad. 

Andrés Clariond muestra una clara mejoría con respecto a su trabajo anterior, una obra igualmente interesante aunque un tanto dispersa, con Territorio se confirma como un director a seguir y si la justicia existiera en el FICM, debería llevarse el premio más importante del certamen.   

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