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Tragafuegos (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

A los tragafuegos los hemos visto en México desde hace muchos años, a la mayoría los hemos observado en los cruceros de las ciudades; forman la parte más baja de la escala laboral, la del subempleo

Morelia, Michoacán, 16 de junio de 2020.- La habitual sucinta y escueta RAE nos informa que tragafuegos es “un artista de circo o callejero que hace creer que escupe fuego al lanzar contra una llama el líquido inflamable que previamente se ha introducido en la boca”. Es todo.

La popular y no siempre muy confiable Wikipedia se explaya un poco más y nos informa que un tragafuegos es un artista de circo que simula expulsar fuego por la boca pero que en realidad lo que expulsa es un líquido inflamable que al contacto con el fuego se transforma en una llamarada. 

También nos informa que este arte es originario de la India y complementa sus datos mencionando que Gene Simmons, integrante de la  veterana banda de rock Kiss, más conocido por su kilométrica lengua, regularmente lanzaba fuego en sus espectáculos. Agrego que este grupo ya solo se reúne esporádicamente. Dinero no les falta.

Pero entro en materia. A los tragafuegos los hemos visto en México desde hace muchos años, pero no precisamente en grandes circos ni cosas parecidas, no, la mayoría los hemos observado en los cruceros de las ciudades, de medianas para arriba, simplemente un integrante más de esas personas que forman la parte más baja de la escala laboral, la del subempleo, la de los limpiavidrios, los viene viene, los vendedores de chicles, etc.

Los vemos en alguna esquina, hombres destruidos, sucios, adelgazados por una dieta involuntaria, personas que buscan, arrojando llamas, la única manera que han encontrado para sobrevivir. Obsérvelos de cerca, no, no son payasos, ni intentan hacer un número de circo, simplemente tratan de ganar algo para comer.

En sus circunstancias no importan las quemaduras, las irritaciones o alguna otra molestia. Hay que comer, y la forma que han encontrado es tragando combustible. 

Causa una mezcla de miedo, horror, conmiseración y tristeza verlos arrojar saliva y combustible para luego, con la cara tiznada pedir limosna. Puestos a pensar espanta conocer hasta dónde puede llegar el hambre.

Pero analizando a bien el asunto es doloroso llegar al trasfondo que esto tiene; la escasez de trabajo, la barrera de la edad, una educación ruinosa, un prácticamente nulo apoyo de las autoridades al segmento más desprotegido en todos los Estados;  autoridades que junto con buena parte de la sociedad no quieren ver algo tan luminoso como las llamas de los tragafuegos.

Por favor, en cada ocasión que veamos un tragafuegos pensemos por qué lo hace, cómo es que llegó a esta situación, cuáles fueron las circunstancias lo rodearon, qué características tiene esa sociedad que lo arrojó a los sótanos del desempleo, no sólo a él, a todos los que realizan actos parecidos.  

¿Son pobres? Sí. ¿Desaprovecharon alguna oportunidad brillante en su infancia y juventud? No lo sabemos pero lo más seguro es que jamás la tuvieron. Para salir de pobre, ¿querer es poder? No, no siempre, buena parte de las veces no es así. ¿Son miserables, por flojos? ¿Por alguna adicción? Aventuradísima afirmación que más bien es una cómoda y liberadora generalización. ¿Un ser superior lo castigó con una destino aciago? No creo que nadie en su sano juicio piense algo así.

El problema ahí está. No nos llovió del cielo, es producto de una sociedad con valores  deficientes y un gobierno que, independientemente de sus colores, jamás se ha preocupado seriamente por resolver las carencias de su estrato más desprotegido. Para los tricolores, azules o morados, estos miserables solo importan en razón de su voto, el cual pretenden asegurar con unas despensas ocasionales.

Por lo pronto, en esta 4T, veremos más personas en el subempleo. Eso es inevitable. 

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Alejandro Vázquez Cárdenas

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