Editoriales

Adviento / Federico Ruiz López

El Adviento es tiempo previo a la Navidad que también nos lleve a considerar que debemos de prepararnos para la llegada definitiva de Nuestro Señor Jesucristo
El Adviento es tiempo previo a la Navidad que también nos lleve a considerar que debemos de prepararnos para la llegada definitiva de Nuestro Señor Jesucristo

Adviento es tiempo de espera del Niño Dios y de anuncio de que Él vendrá definitivamente. Es el reconocimiento de que hemos de corresponder al amor de Jesucristo con nuestras acciones y decisiones. Ser congruentes entre lo que creemos, hacemos y decimos.

México, D.F., 10 de diciembre de 2013.- Estrictamente hablando Dios no nos condena. ¡Es nuestro rechazo a Él lo que puede condenarnos! Él es Misericordia. «No se cansa de perdonarnos» dice el Papa Francisco. Mucho de los sermones tremendistas en su afán de ‘justicia’ anulan la realidad del amor que tan claramente anuncia San Pablo en la Carta a los Romanos (los de la Iglesia de Pedro, Sacramento de Unidad y Garante de la autonomía de todas las iglesias). Así hay que leer el anhelo de la Navidad…

El Adviento es tiempo previo a la Navidad que también nos lleve a considerar que debemos de prepararnos para la llegada definitiva de Nuestro Señor Jesucristo.

Creemos que Jesucristo Nuestro Señor vendrá de nuevo al final de los tiempos y al final de nuestro propio tiempo que será el de cada quien, coincidente o no con el final de los tiempos y de las cosas. Eso rezamos en el Credo: “vendrá otra vez con gloria a juzgar a vivos y muertos; Y su Reino no tendrá fin” (Credo Niceno). Durante el Adviento nos preparamos para la Navidad, y recordamos que Cristo nos prometió que volverá. El Catecismo dice: “Celebrando la natividad y el martirio de San Juan Bautista, el Precursor, la Iglesia hace suya su misión: «Es preciso que él crezca y que yo disminuya» (Jn 3, 30).” (Catecismo 524).

Adviento es tiempo de espera del Niño Dios y de anuncio de que Él vendrá definitivamente. Es el reconocimiento de que hemos de corresponder al amor de Jesucristo con nuestras acciones y decisiones. Ser congruentes entre lo que creemos, hacemos y decimos. Por eso el Adviento es tiempo para arrepentirnos de nuestras fallas e infidelidades sin perjuicio de que esperemos con alegría la venida del niño Dios y de que, también, busquemos el perdón de nuestros pecados. Estar preparados. En el gusto del festejo limpiarnos, arreglarnos. Darle al Niño Dios nuestro corazón para que sea el pobre pesebre en el que nazca. Marcos proclama: “Estén prevenidos entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.” (Mc 13, 35-36).

Durante un Ángelus, el Papa Benedicto XVI enseñó sobre esta llamada a la vigilancia: “¡Vigilad! Esta es la llamada de Jesús en el Evangelio de hoy. No se dirige sólo a sus discípulos sino a todos. ¡Vigilad! (Mc 13, 37). Es una exhortación saludable que nos recuerda que la vida tiene además de su dimensión terrena un proyecto «más allá». Es una semilla que germina en la tierra abriéndose a los cielos. Estamos dotados de libertad y somos responsables para hacer el bien. Cada quien rinde cuenta de lo que ha vivido, de acuerdo a los bienes recibidos. Multiplicar los talentos y no guardarlos o malbaratarlos. Fructificar para el bien de los hermanos.” (Papa Benedicto, Mensaje del Angelus, 27 de noviembre de 2011).

Sin duda que el descuido resulta en el peor daño sobre los demás y sobre nosotros mismos. ¿Cómo corregir si ni cuenta nos damos? «Vigilad»…

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