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Christophe Pierre, un nuncio como Dios manda / Jorge E. Traslosheros

El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, articulista del diario La Razón
El autor, Jorge E. Traslosheros, es investigador titular del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane y Maestro en Historia por el Colegio de Michoacán; además, artículista del diario La Razón

Hace algunas semanas nos enteramos que el nuncio apostólico Christophe Pierre marcha para Estados Unidos. Soy un laico del común y, desde la parroquia y la calle, observo que ha sido un pastor ejemplar. Tengo cinco razones para afirmarlo.

Morelia, Michoacán, 17 de mayo de 2016.- Hace algunas semanas nos enteramos que el nuncio apostólico Christophe Pierre marcha para Estados Unidos. Soy un laico del común y, desde la parroquia y la calle, observo que ha sido un pastor ejemplar. Tengo cinco razones para afirmarlo.

  1. Ser nuncio es un oficio delicado y polivalente: es el representante del Papa y, por lo mismo, debe estar al servicio de la comunicación entre la Santa Sede, la Iglesia del lugar, la sociedad civil y las autoridades constituidas. Hay dos palabras que pueden definir el trabajo: identidad y diálogo. Es un obispo cuya misión es anunciar el Evangelio desde el campo de la diplomacia y, en esto, Mons. Pierre ha sobresalido por su compromiso y sencillez.
  2. Don Christophe llegó a México en un momento muy delicado de la Iglesia mexicana. Poco antes se había celebrado la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano, incentivada con fuerza por Benedicto XVI. El resultado fue sobresaliente e hizo un llamado a la conversión pastoral en clave misionera. Su implantación necesitaba de dos fuerzas: de los obispos actuando en comunión y; de la Santa Sede.

En México esto implicaba convertir a un grupo de obispos dispersos en un colegio de apóstoles. No sin dificultades, el episcopado mexicano lo está logrando básicamente porque entiende mucho mejor su misión más allá de las diócesis. En el camino han encontrado la compañía discreta y constante de don Christophe, un auténtico constructor de puentes mediante el diálogo.

  1. Mons. Pierre fue clave en las visitas de Benedicto XVI y Francisco. La gestión de estos eventos es, por decirlo suavemente, tormentosa. Casi todos los actores políticos, sociales y no pocos eclesiásticos -grupos de laicos en primera fila-, quieren llevar agua a su molino y no siempre por las mejores razones. El sonoro éxito pastoral de ambas vistas es indicativo de una delicada labor de gestión y diplomacia que sólo el nuncio pudo llevar a cabo.
  2. El nuncio no representa intereses nacionales, a diferencia de sus pares embajadores, porque la Iglesia no es una nación, sino un pueblo presente en cada rincón del planeta. Central a su misión es, pues, conectar con la catolicidad del lugar. Una tarea discretísima que, en México, requiere una paciencia digna del santo Job. La Iglesia no es un cuerpo homogéneo, sino una constelación de iniciativas difíciles de armonizar, comprender e incentivar. El oficio del nuncio fluctúa entre ser ventanilla de quejas, pañuelo de lágrimas, pararrayos de intereses cuestionables y reproductor sonoro de esperanzas. En México, el renacer de una catolicidad más participativa, alegre, con sentido de comunión y misión indica que don Christophe hizo bien su chamba. Es evidente que ha sido un canal de comunicación desde la Santa Sede, hasta la última parroquia.
  3. Durante la gestión de Mons. Pierre no hemos sabido de conflictos graves entre la Iglesia y las autoridades constituidas. En ningún lugar del mundo son relaciones sencillas, mucho menos donde la tradición política dominante es anticatólica, como en México. Y sin embargo, por la capacidad de diálogo, en estos años nunca se perdió la comunicación. Los problemas siempre existen, el arte consiste en saberlos gestionar.
  4. Ignoro en qué medida don Christophe haya influido para llevar a cabo dos reformas centrales para el desarrollo de nuestro Estado laico y democracia. Me refiero a las propias de los artículos 40 y 24 constitucionales, sobre la definición política del Estado y la libertad religiosa como derecho fundamental de los mexicanos. Me queda muy claro que, sin la participación de diversos grupos religiosos, los políticos jamás se hubieran atrevido a un cambio tan trascendente. También estoy seguro que, sin la capacidad de dialogo del Nuncio con los grupos religiosos, las autoridades y los legisladores, el cambio difícilmente se hubiera realizado. La historia me dará la razón.
  5. Hoy, la Iglesia mexicana se está poniendo de pie en el lugar que le corresponde como parte de la sociedad civil, con un claro proyecto de conversión pastoral en el servicio y la misión. Don Christophe Pierre supo acompañar este proceso con notable alegría. Mi gratitud y mis oraciones irán con él a donde quiera que el Espíritu lo llame.

jtraslos@unam.mx
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 @jtraslos

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