Cien días de fracaso (Por: Jorge Luis Hernández Altamirano)

El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

El autor, Jorge Luis Hernández Altamirano, es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Ciencia Política por El Colegio de México

Puede decirse que AMLO cumple cien días sin una oposición real, capaz de minar los cimientos de su discurso, mucho menos de ofrecer un proyecto alternativo. Y que el éxito arrollador es también el fracaso de su oposición.

Morelia, Michoacán, 13 de marzo de 2019.- Se cumplieron cien días de un sexenio en los que el presidente López ha manejado la agenda a su gusto, se siente cómodo, concentra la comunicación, mantiene el espíritu en las plazas públicas e, increíblemente, ha incrementado sus niveles de aceptación en la opinión pública: rozando un apabullante 80% de aprobación.

La fecha sirvió para que propios y extraños emitieran su balance del periodo, se atribuye al presidente norteamericano Roosevelt introducir el parámetro para medir el liderazgo, la capacidad y el posible rumbo de un gobierno. Rápidamente los nuevos voceros del oficialismo se aprestaron a señalar que había pocos o ningún error, para ellos las cifras de popularidad del presidente le avalan.

Los opositores, los de siempre, protagonizaron videos y numerosos tuits acusando a éste como el peor inicio de un gobierno en la historia contemporánea de México. No faltaron las apelaciones a la cancelación del aeropuerto, las múltiples consultas patito, el ataque y erosión de los órganos autónomos y reguladores, los escándalos por colocar a personas sin méritos en puestos gubernamentales, el maltrecho estado de PEMEX y un larguísimo etcétera.

El ejercicio, sin embargo, no pasó de la burla. De hecho, los más se preguntaron cómo era posible que Margarita Zavala, Felipe Calderón y todos los priístas, por citar sólo algunos, se sintieran con la estatura moral para calificar como “peor” al nuevo gobierno. Otros opositores, autodenominados chalecos amarillos MX en símil al caso francés, convocaron a manifestaciones en todo el país que, por su poca convocatoria, provocaron mofa generalizada.

Y es que, aunque objetivamente haya muchos elementos para criticar algunas de las acciones del nuevo gobierno, pareciera que estas críticas no tienen efecto en el gran público; por el contrario, entre más recias son, el grupo de simpatizantes se fortalece y se incrementa. Por eso, puede decirse que AMLO cumple cien días sin una oposición real, capaz de minar los cimientos de su discurso, mucho menos de ofrecer un proyecto alternativo. Y que el éxito arrollador es también el fracaso de su oposición. Enumero las tres principales razones que, a mi juicio lo explican:

  1. Los críticos son, a la vez, responsables de la fuerza del obradorismo: increíblemente voces como las de Felipe Calderón, claramente a consecuencia de la poca relevancia de los líderes partidistas actuales y de muchos de los legisladores de oposición, han ganado reflectores. Los políticos de la generación pasada se han adaptado bien a las redes, donde generan discursos digeribles y polémicos que son fácilmente reproducidos. El problema es que su virulencia tiene un efecto bumerán, pues generan una contra reacción furiosa y alimentan la hipótesis de que son las voces de la resistencia de la élite al cambio. Sin nuevos perfiles refrescantes, que no tengan “colas que les pisen”, las fuerzas de oposición están condenadas al fracaso.
  2. Idea de que la oposición es homogénea: Andrés Manuel es un político con ideologías mixtas, y a veces contradictorias; lo que provoca que la oposición a su administración varié en función de los temas. La penalización del aborto en Nuevo León o la continuación de los trabajos de la termoeléctrica en Morelos dejan claro que no todos los opositores de AMLO son, como lo quiere hacer creer él: conservadores, neoliberales, fifís y globalizadores. Más valdría empezar a hablar de las oposiciones en plural y, al interior de cada una ellas, de agendas concretos en los temas que más les interesen.
  3. El temor de la mayoría de los actores de oposición a asumir el conflicto: una cuestión muy visible entre los académicos (de dónde han venido las críticas más agudas a la 4T) y las organizaciones de la sociedad civil. Deben entender que, por los ataques directos que han recibido, (CONACYT, cese de colaboración y recursos públicos a las OSC) la batalla con la administración del presidente López es de tipo político. Sin una postura clara y contundente serán arrasados: incapaces de convencer a un gobierno al que son incómodas y de conectar con un gran público que exige mensajes más contundentes.

A nadie le conviene, incluido al propio presidente López y a su partido, una oposición desdibujada e incapaz. Los partidos lo demostraron apenas ayer, en la votación de la #MinistraContratista, que están tan habituados a las negociaciones que, en los cálculos transaccionales, cederán ante los intentos por minar la salud institucional del país y obviarán los efectos que puede provocar en la sociedad. Ojalá que, por primera vez, muchos podamos mirar más allá de nuestra nariz: el momento lo exige.

Al tiempo.