Crónica de una crisis creada (Por: Alejandra Ortega)

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La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

La autora, Alejandra Ortega, es subdirectora general de ATIEMPO.MX, con amplia trayectoria en medios de comunicación de Michoacán

Hace 10 años, mientras otras economías se desaceleraban, México tenía una moneda fuerte, no hubo sobresaltos en las tasas de interés y había un tipo de cambio flexible que permitió que la inflación fuera más baja que en Estados Unidos…, pero “llegó” la epidemia del virus H1N1

Morelia, Michoacán, 17 de septiembre de 2018.- Hoy se cumplen 10 años del colapso financiero más grande y profundo de toda la historia, incluso más que la Gran Depresión de 1929, según Ben Shalom Bernanke, ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, y del que seguimos padeciendo sus efectos con economías frágiles y países sumamente endeudados en varias partes del mundo.

El impacto del crack del 2008 se generó en Estados Unidos por la burbuja inmobiliaria que se creó por el abuso de créditos hipotecarios otorgados sin verificar el respaldo económico de las personas, esto, aunado al alza en las tasas de interés, provocó que se encarecieran esos créditos, que resultaron difíciles de pagar.

Esto llevó a la quiebra de algunos bancos y financieras, que tuvieron que ser rescatados por el Estado y cuya deuda que era privada, se convirtió en pública, es decir, que los ciudadanos la han tenido que pagar.

Sin embargo, hubo un banco de inversión al que no se rescató y se dejó morir: Lehman Brothers, uno de los bancos más importantes del mundo, que tenía 158 de existencia y que cuando se declaró en quiebra, de inmediato tuvo un efecto devastador en los mercados mundiales. Nadie se esperaba un tsunami de ese tamaño, pero que fue el que provocó la tremenda crisis en Grecia y España y sus efectos se sintieron desde luego de manera contundente en Estados Unidos que se llevó también a Argentina, Brasil, Chile y por supuesto a México.

Ahí quedó manifiesta la globalización financiera que conecta a todas las economías del mundo.

En México, la situación fue complicada dada la relación económica que hay con Estados Unidos, sin embargo, la Secretaría de Hacienda, encabezada en ese entonces por Agustín Carstens, diseñó una serie de medidas contingentes para contrarrestar el impacto que ya se veía venir.

Y mientras otras economías se desaceleraban como la de nuestro vecino del norte, México tenía una moneda fuerte, no hubo sobresaltos en las tasas de interés y había un tipo de cambio flexible que permitió que la inflación fuera más baja que en Estados Unidos. Por ello Carstens afirmaba que la pulmonía de nuestro vecino nos provocaría un catarrito.

Luego en Davos, Carstens llevó sus cifras y análisis muy positivos para el país, afirmando que para México el impacto de la crisis fue modesto y la economía crecía de manera estable gracias a que se habían construido reservas suficientes.

El ánimo le duró poco, en el foro de Davos el jalón de orejas fue fuerte y contundente. A México no le iba a ir tan bien, le dijeron y por supuesto que no, ¿cómo iba a irle igual que a China? mientras los demás colapsaban.

Así, Strauss Khan, gerente del FMI hablaba de catástrofes, mencionaba por primera vez un mundo multipolar, y también hablaba de apoyar el yuan, “pues el mundo necesita una divisa china más fuerte”, dijo. Y hoy todo eso lo estamos viendo claramente en este cambio de paradigmas.

Y a México le cae algo así como el chahustle: La epidemia del virus H1N1, que se expandió casi mágicamente por todo el país y que provocó la histeria de la población, pues la información que se publicaba lo mostraba como un virus potencialmente mortal, que además ya había cobrado la vida de muchos mexicanos.

Esto obligó al gobierno a tomar medidas extremas y paralizar la actividad económica y productiva del país completo. Las calles muy pronto se quedaron solas, negocios cerrados, escuelas y oficinas cerradas. Esto agravó el pánico que pronto era ya visto por todo el mundo y el mundo reaccionó cerrando sus fronteras a los mexicanos.

Argentina, España y USA así lo hicieron, no aceptaban vuelos provenientes de nuestro país. Estábamos en cuarentena. Y Felipe Calderón salió a dar un mensaje, condenando enérgicamente las medidas vejatorias y discriminatorias de muchas naciones hacia los mexicanos, que sólo agravaban más la situación de nuestro país.

De esta forma, en muy poco tiempo la economía de México colapsó también. No por un mal manejo de las finanzas, no por falta de liquidez, no por un peso débil, sino por la paralización de la economía que provocó la influenza H1N1.

Ante este nuevo reto, el gobierno inyectó más recursos a la economía, mediante el Fondo nacional de Infraestructura. Dinero que no estaban en el presupuesto y no venían de los impuestos y se toma una decisión muy importante que le permitió a nuestro país sortear la debacle, que finalmente no fue sólo un “catarrito”, fue una tremenda gripe provocada en Davos.