Editoriales

De anonimato y libertad, reflexiones (Por: Alejandro Vázquez Cárdenas)

Lamentablemente en la mayoría de los casos infinidad de personas aprovechan el supuesto anonimato que proporciona Internet para vaciar sus rencores, filias y fobias, descalificando sin argumentos la opinión del articulista, llegando incluso al insulto personal

Morelia, Michoacán, 02 de julio de 2019.- En este tiempo de redes sociales, sitios virtuales de noticias, blogs personales, periódicos que languidecen en su versión impresa pero prosperan en su versión digital, observamos un fenómeno que crece imparable día con día; la velocidad y facilidad con que miles, o millones de usuarios de Internet emiten su opinión en cuanto sitio la admite. 

En algunas ocasiones (las menos) la opinión de los lectores es razonablemente sensata, más o menos informada y nos damos cuenta que el lector trata de complementar o corregir lo que el periodista o analista ha escrito.

Hasta ahí todo bien; lamentablemente no es así en la mayoría de los casos; infinidad de personas aprovechan el supuesto anonimato que proporciona Internet para vaciar sus rencores, filias y fobias, descalificando sin argumentos la opinión del articulista, llegando incluso al insulto personal. Lo peor de este asunto es que buena parte de lo que afirman carece de todo sustento, pues es información que no proviene de fuentes confiables, sino que ha corrido de persona a persona sin verificación alguna.

Desgraciadamente para emitir una opinión en redes sociales o comentar en periódicos o sitios de noticias lo único que se necesita es un equipo conectado a la red con un teclado funcional. Eso es todo. No es necesario conocer el tema, ni siquiera superficialmente, tampoco es necesario saber redactar, ni tener una idea así sea superficial de ortografía y sintaxis. No, nada de eso. Solo ganas de opinar y un teclado.

Y nos salta un par de dudas ¿Todas las opiniones son respetables? ¿Es válido el anonimato al dar una opinión?  Personalmente considero que no. Lo explico.

Sabemos que existen personas que sostienen que en las discusiones, aun en aquellas donde abundan los  insultos lanzados desde seudónimos, todo se vale; “Anonimato es libertad”, afirman con total convicción. Puede ser, anonimato quizá implica libertad, relativa, pero libertad, pero resulta que no solo incluye eso; también puede implicar impunidad y cobardía. 

Puede conllevar también la participación en linchamientos mediáticos y apoyo masivo, acrítico, a un dictador como lo vemos en México. También anonimato significa irresponsabilidad.

Quizá podría considerarse aceptable el anonimato en casos de crítica dura a un sistema represivo,  pero es injustificable cuando se lanzan insultos, imputaciones e insinuaciones perversas. Recordemos no todas las opiniones son respetables, respetable es la persona, no su opinión. 

Todos somos libres para pensar lo que nos dé la gana; digamos que alguien piensa que los negros o los indígenas o los judíos o los mexicanos o los homosexuales son seres inferiores, pues sí, de que lo puede pensar claro que puede, pero evidentemente una opinión de ese tipo de ninguna manera es respetable. La libertad  tiene sus límites, la libertad de cada uno finaliza donde comienza la libertad del otro. Libertad no es irresponsabilidad. Y la libertad del anonimato ha sido siempre el mejor caldo de cultivo del totalitarismo.

Como simples usuarios de redes, como lectores de medios electrónicos no podemos impedir que otros vomiten sus opiniones insultantes en sus propios espacios, quien dispone de Internet puede crear su propio blog  y hacerlo en total anonimato, que por cierto no es tan anónimo como muchos piensan.

Pero los medios tienen la potestad para impedir que los mensajes de odio inunden sus sitios. Y no nada más los medios periodísticos y noticiosos pueden hacerlo.

Tenemos el caso de un país de primer mundo, infinitamente más adelantado cultural y tecnológicamente que México, Alemania, que ha implementado la ley NetzDG en la que se castigará a las redes sociales que no eliminen los mensajes de odio. Mediante esta ley el Ministerio de Justicia alemán puede en multar hasta por 50 millones de Euros a empresas como Twitter o Facebook si fallan en bajar contenido que incita al odio.

Libertad conlleva responsabilidad;  y no olviden, no es una buena idea opinar de lo que no se sabe ni se está razonablemente seguro.

Es cuanto.

Alejandro Vázquez Cárdenas

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