De Primera Mano… Delinquir sin consecuencias

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Los normalistas amenazaron con radicalizar aún más sus acciones hasta lograr su cometido

Con las recientes generaciones de aquellos que se asumen como “luchadores sociales” está pasando exactamente lo mismo que con las nuevas generaciones de jóvenes hijos de casa en el país: Están creciendo con un nulo respeto a la ley y a la autoridad

Si a sus líderes, los normalistas y miembros de otros grupos sociales les interesan como personas, y no sólo como carne de cañón, deberían concientizarlos sobre los riesgos que conllevan las conductas delictivas, pues por más que las autoridades los consientan y sean omisas de la ley, la delincuencia y la violencia tienen consecuencias

Morelia, Michoacán, 22 de junio de 2017.- A gobernantes, políticos, empresarios, líderes de opinión, opositores sistemáticos al régimen y opinadores de las redes sociales se les llena la boca continuamente de exigir justicia y poner un alto a la impunidad.

Sin embargo, los discursos suelen ser palabras al viento, que además se enfocan primordialmente a la esfera pública y al sistema de seguridad pública, así como de procuración e impartición de justicia, no aplicable a hechos cotidianos más comunes, que en estados como Michoacán se registran a plena luz del día, casi diariamente, pero con consecuencias desastrosas para el estado y grandes sectores de la población.

Estoy hablando de las constantes y reiteradas conductas delincuenciales en las que incurren normalistas, grupos de comuneros indígenas, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y muchos otros grupos dizque sociales que tienen en común una cosa: Todos persiguen intereses económicos y políticos.

Con las recientes generaciones de aquellos que se asumen como “luchadores sociales” está pasando exactamente lo mismo que con las nuevas generaciones de jóvenes hijos de casa en el país: Están creciendo con un nulo respeto a la ley y a la autoridad; creen que tienen todos los derechos y cero responsabilidades; están dispuestos a delinquir sin ningún remordimiento para lograr sus objetivos; y, son los primeros en llorar y en quejarse cuando ven que sus acciones negativas sí tienen consecuencias.

En los hogares la responsabilidad es de padres permisivos y consentidores que sólo quieren que sus hijos “sean felices”, por ello no les imponen responsabilidades ni los educan, como sí lo hacían las generaciones de antaño.

En cuanto a los grupos y organizaciones sociales radicales que casi todos los días cometen una serie de delitos en Michoacán, la responsabilidad recae en sus líderes, que –con la carnada de obtenerles ingresos económicos de por vida y sin trabajar- usan a las bases como simples y viles instrumentos para lograr sus objetivos económicos y políticos.

Si a sus líderes, los normalistas y miembros de otros grupos sociales les interesan como personas, y no sólo como carne de cañón, deberían concientizarlos sobre los riesgos que conllevan las conductas delictivas, pues por más que las autoridades los consientan y sean omisas de la ley, la delincuencia y la violencia tienen consecuencias.

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