Diálogo: Año de esperanza apoyo en Dios y conversión

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El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

El autor es el Presbítero Mateo Calvillo Paz, vocero episcopal y colaborador de diversos medios de comunicación locales, regionales e internacionales

Tenemos retos enormes que movilizan nuestras energías y suponen grandes virtudes para traducirlas en actitudes que impulsen acciones

Morelia, Michoacán, 07 de enero de 2018.- Juan García López es un mexicano común que se emociona al fin de año, sueña y hace grandes propósitos. Al volver a la rutina se esfuma todo y no queda nada.

Nuestro reto es cambiar nosotros mismos. El siguiente paso es ayudar a nuestros hermanos y trabajar también por una sociedad más feliz, sin corrupción, sin engaños ni manipulación de los pobres.

Vivimos una situación muy difícil y sin perspectiva alentadora. Enfrentamos una situación de deterioro, de descomposición social. La crisis de corrupción e ineptitud es enorme y tiene un peso ilimitado que nos aplasta. Se derrumbaron los valores que sostienen el edificio social y han provocado una crisis de confianza en la sociedad, de carencia de empleos y de bienes materiales, indispensables para vivir. La crisis más grave es de valores morales: no hay conciencia moral, ni sentido del bien y del mal, no hay límite al mal que aplasta, despoja, asesina, no se aplica la ley.

Hay algo que no debemos hacer: ser inconscientes de la situación, quedarnos en la indiferencia, apatía, enconchados en el egoísmo, irresponsabilidad, inactividad. Que debemos hacer: asumir la realidad, tomar nuestra parte de responsabilidad y ponernos a trabajar para cambiar esta situación terrible y nefasta que repudiamos.

Parece increíble pero podemos enderezar el rumbo fatal que lleva al caos y empezar a construir una sociedad mejor, un entorno humano y aceptable.

Quienes tienen el don precioso, divino de la fe de Jesucristo tienen una plataforma inconmovible, como un peñón y una energía sorprendente e insospechada para franquear el abismo. En la fe en un Dios todo poderoso, bueno y solícito se tiene la certeza de que esta crisis de corrupción, inseguridad y mentira no nos aplastará. Con este Aliado podemos vencer esta situación humanamente invencible.

La fe no es beatería, no se trata de darse golpes de pecho y estar rece y rece. La fe es un encuentro con el único Mesías, el que con su obra divina, su muerte injusta en manos de autoridades corruptas y ventajosas y con su resurrección inauguró el mundo nuevo que buscamos con ansia.

La fe es una presencia superior, celeste, enorme, todopoderosa, imperceptible por los sentidos, auxiliadora del esfuerzo humano. Entonces se siente una lógica, un orden del Creador, Dios.

Hay una energía sobrehumana. La fe dinamiza al ser humano y potencia su esfuerzo. Alarga sus manos sus pies, todos sus miembros y órganos, amplías su potencia y su alcance.

Hay que despertar al ser humano empoderarlo con el auxilio de lo alto, con los poderes divinos.

Tenemos la tarea de construir un mundo mejor, la gestión del bien común: política, producción, orden público, todo es responsabilidad del cuerpo social y de todos. Cada ciudadano es constructor responsable de la nación.

Más aún, tenemos que construir la civilización del amor y del bienestar, con nuestro esfuerzo de la vida diaria, debemos hacerlo con responsabilidad y excelencia.

Debemos sacar al país y al Estado de la crisis, es una tarea permanente, no sólo del tiempo de campañas políticas.

Hay tiempos fuertes de tareas graves y trascendentales, es el tiempo de elecciones que estamos viviendo preparándonos para la gran fecha del 1 de julio.

La participación en dar el voto es una obligación crucial, trascendental. Reviste una importancia especial. No votar es uno de los nuevos pecados.

Ahí se puede dar lo que parece imposible, milagro. Ahí podemos cambiar gobiernos que nos han sumido en el atraso, en la miseria de todos los bienes del espíritu del cuerpo, que niegan la realidad y nos pintan en el primer mundo por sus fantasías y el bienestar de ellos. Ahí podemos cambiar la clase política que, en la realidad, sólo se interesa por el poder para mandar, enriquecerse y vivir con lujos de primer mundo

En el Año Nuevo hay una gran tarea y una gran esperanza: podemos vencer la corrupción en la clase dirigente y poner gobernantes que sirvan al pueblo, llenos de justicia y de verdad. Podemos hacer florecer un México tan rico en recursos de su gente y de su territorio e impulsar una nueva era.